La mañana será soleada, pero no se puede garantizar. Las primaveras en Vigo, y en casi cualquier lugar, suelen ser traicioneras. Lo mismo te asas de calor como se extienden las lluvias hasta el verano. A saber.
Ese día, que caerá en domingo, será una de esas jornadas especiales. Los ciudadanos a lo nuestro, a ser responsables, y a ejercer de tales, espero y deseo que la mayoría; y otros como Abel, ya saben, el alcalde, a tratar de digerir un día tenso.
No habrá mucha circulación, seguro, y sí un despliegue de medios públicos, para que todo vaya de la forma acostumbrada. Habrá nervios en los protagonistas, interés en otros muchos y bastante menor en los demás, incluso desinterés puro y duro en miles de vigueses.
Además de Abel seguro que un tal Rubén estará también ese día, que puede ser el suyo, si su progresión se mantiene, un tanto de los nervios. Se juega mucho y con él se lo juegan sus amigos y seguidores, e indudablemente el conjunto de los ciudadanos.
Una tal Iolanda, hoy más conocida que hace unos meses, y para entonces bastante más, es posible que no aproveche esa mañana para salir de la ciudad. Incluso es probable, todavía no seguro, que exteriorice su inquietud de alguna forma visible para saber si el grupo del que forma parte empieza la remontada o bien mantiene su hundimiento en la clasificación.
Y, por último, el veterano José Manuel, suponiendo que disponga de una única oportunidad de consagrarse, tratará de lograrlo. Si es el caso, y vete a saber si lo será, se mirará en el espejo antes de salir para preguntarse que ofrecerá la margarita al deshojarse.
Quizás haya otros protagonistas, pero estos serán los principales en veinte meses tal día como hoy... ese 24 de mayo en que elegiremos otra vez al ocupante del sillón de la Praza do Rei.
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