El administrador de fincas Rafael Bautista asume ante la juez un completo descontrol en la gestión de decenas comunidades de Vigo, pero niega que haya existido fraude ni estafa
25 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Una mala gestión, exceso de gastos con relación a los ingresos, ocultar descubiertos con dinero de otras comunidades, recibos duplicados, pagos que figuraban como realizados y que no lo estaban... Rafael Bautista asumió ante la juez un desbarajuste económico de gran magnitud, lo que se ha convertido en su línea de defensa, pero negó la mayor: no ha existido fraude, no tiene el dinero que falta. Simplemente, ha sido un mal gestor y eso le ha llevado a la ruina. Nada menos, pero nada más,
Sus declaraciones asumiendo la responsabilidad de lo ocurrido, pero reduciendo el importe económico y rechazando la estafa, se ha visto complementado con las del resto de los implicados, principalmente su mujer y dos hijas. Todos aseguraban haberse enterado del escándalo poco antes de estallar, niegan capacidad para tomar decisiones y trasladan a Rafael Bautista la culpa que pueda existir.
Oficina suntuosa
La sociedad que gestionaba la mayor administradora de fincas de Vigo estaba integrada por Rafael Bautista (50 %) y sus hijas Laura y María (25 % cada una), aunque la última era su mano derecha. También su mujer estaba empleada en el negocio y otros familiares más lejanos.
«Es cierto que a las comunidades les faltan fondos, pero no todos los que dicen», declaró. Y que ocurrió con este dinero, a dónde fue a parar. «Se invirtieron en la empresa, que los utilizó para pagos corrientes» cuando se cambiaron de oficina en el 2007. Entonces pagaban 3.000 euros de alquiler, pero el asunto adquirió otra dimensión cuando en el 2011 fueron a San Salvador, junto a Urzaiz. «Entonces se me fue de las manos». Eligió un gran bajo por el que pactó un alquiler de 8.000 euros.
En la empresa todo se hacía a lo grande y gente que lo conoce mantiene que su plantilla, 25 empleados, era excesiva. El propio Bautista asegura que para adquirir la cartera de comunidades de Fincas Simeón tuvo que pedir un préstamo de 460.000 euros, que le suponía «más de 12.000 euros al mes».
En su declaración judicial admite que para realizar obras en su piso tuvo que pedir un préstamo, «y que parte de ese dinero se utilizó para pagar gastos de comunidades que en un momento puntual no tenían saldo suficiente», aunque luego lo regularizaba con cuotas extras.
Ingeniería financiera
Y a veces el trasiego de dinero entre las cuentas de unas comunidades y otras no era solo para tapar agujeros, «también por error se sacó dinero de una comunidad para pagar recibos de otras». Incluso admite como «posible» que «en ocasiones» cargase recibos por importes de servicios «que luego no se pagaron, aunque no era la norma general». Y también que pasó «recibos duplicados, pero no a todas las comunidades».
Y como su empresa tenía necesidades, admitió igualmente que utilizaba dinero de las comunidades para su propia empresa y no solo al final. Empezó a hacerlo en el 2009 y su forma de operar era «retirando cheques, tanto de la cuenta común [de las comunidades que provenían de Fincas Simeón] como de las particulares».
Y puesto a reconocer, asume que «los extractos que daban en las asambleas a veces no se correspondían con la realidad». Tras ello acepta que «es posible que haya sido mal empresario».
Los reconocimientos teóricos ante la juez se convirtieron en algún caso en hechos concretos. Así, a preguntas de los abogados de Zamora 89 y Regueiro 15 asumió que en el año 2009 retiró 25.000 euros de sus cuentas «para necesidades que tenía la empresa». A la de Teixugueiras 11 le acepta que «el mantenimiento de los ascensores no estaba pagado, aunque se reflejaba en los estadillos que sí lo estaba».
A la comunidad de garajes García Barbón 48 que «le cargó el recibo de Aqualia de otra y alguna vez se pasaron dos veces nuestros honorarios». Finalmente, al abogado de Doctor Canoa 10 le confirma que «se cargaban recibos que no correspondían a ningún servicio, y que se hacían transferencias de esa cuenta a otras».