El verano genera más de 5 toneladas de marisco ilegal

VIGO

ADRIAN SANTASMARINAS

La actividad furtiva en playas de toda la ría perjudica al sector, empobrece el litoral y supone un riesgo para la salud

24 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Tres puñaditos pesan medio kilo. Comprobado empíricamente en el mercado del barrio. Concretamente ese medio kilo se compone de tres puñaditos de almejas, las justas para, preparadas al gusto de cada cual, darse un homenaje con un delicioso primer plato. El procedimiento habitual, y legal, es desplazarse al mercado, elegir el tipo de almeja que más le guste, y llevárselas a casa tan ricamente tras pagar su precio, que por cierto no están tan caras. Pero existe otro sistema que consiste en acercarse a la playa y, de paso que se disfruta de una jornada de veraneo, agacharse un rato y hacerse con unos puñaditos de almejas, croques, caramujos? o lo que corresponda.

El concepto del puñadito es relativo, porque puñadito a puñadito se llena un saquito, y ese saquito puede pesar al final un par de kilitos, o más, por aquello de repartir con los amigos. Y como nada más bonito que estrechar lazos familiares disfrutando del tiempo de ocio, pues son los puñaditos de la señora, del caballero, de los niños los que se van sumando, que a su vez se suman a los de la familia de al lado, también metidos en faena, y los de la familia de un poco más allá, que se suman también a los puñaditos de las familias de ayer, a las de mañana, y así sucesivamente.

Laboriosas familias que se reparten por Arcade, Cesantes, Chapela, Teis, Bouzas, Vilaboa, Cangas, Moaña. Pero total, solo es un puñadito. ¿Qué importancia puede tener?

Haciendo una estimación (como siempre muy a la baja), la suma de esos puñaditos solamente en la ría de Vigo durante los meses de verano supera las cinco toneladas. Son un montón de kilos extraídos por este sistema informal del furtivismo de autoconsumo.

El problema de nuestros puñaditos es que se trata de furtivismo, una actividad ilegal y perseguida por la ley, por muy a pequeña escala que sea y por mucho que este menudeo sea para consumo propio. Con esta actividad empobrecemos las rías, perjudicamos seriamente a las personas que legalmente viven del marisqueo y que se esfuerzan por sembrar, cuidar y conservar el recurso. Un enorme esfuerzo que apenas les permite a sus protagonistas alcanzar una economía de subsistencia pues solo una pequeña parte del precio final de esos bivalvos se queda en los hogares de quienes los trabajan.

Ese furtivismo doméstico tampoco respeta temporadas de veda, ni tallas mínimas, por lo que poco a poco, puñadito a puñadito, pone en riesgo no solo el presente sino el futuro del sector, bastante castigado ya con los miles de toneladas que se extraen de las rías gracias a los furtivos «oficiales».

El otro gran problema añadido tiene que ver con la salud. Obviamente, este furtivismo de autoconsumo no pasa por las depuradoras y por lo tanto su consumo supone un riesgo sanitario.

Los bivalvos, como organismos filtradores, acumulan en su cuerpo muchos agentes patógenos de su entorno, por ejemplo metales pesados y muchos coniformes fecales como los que estos días se pasean por las aguas de Samil, por eso precisan un período de depuración antes de ser comercializados.

Ruleta rusa

Consumir este marisco ilegal nos puede producir desde leves dolencias estomacales hasta una grave salmonelosis. Jugamos a la ruleta rusa con nuestra salud, especialmente con las capturas realizadas en mareas rojas o en zonas declaradas B, C y D para el marisqueo, que es la clave utilizada, de mejor a peor (pocas zonas A quedan ya en las rías), para determinar la calidad y aptitud de las aguas para la cría de bivalvos.

Aquellos tiempos de principios del siglo pasado en los que, por matar el tiempo, uno se acercaba a la desembocadura del Lagares a coger unas nécoras, o a Teis a por unas ostras, se terminaron y parece poco probable que vuelvan alguna vez. Conservemos la riqueza natural, y económica, que aún nos queda bajo la arena de algunas playas, cada vez menos.

Se daña a quienes se esfuerzan en sembrar, cuidar y conservar el recurso