Inauguraciones

VIGO

Con motivo de la crisis y la falta de inversiones, la próxima campaña electoral promete. No hay más que ver los prolegómenos para adivinar las inauguraciones de andar por casa que se avecinan. El ejemplo más evidente tuvo lugar hace pocos días con motivo de la puesta en marcha de un tren directo entre Vigo y Oporto. Pese a haber pasado los vagones el vigésimo cumpleaños y a que la hazaña se limitaba a eliminar las paradas, el acto estuvo presidido por dos ministros de cada uno de los países.

Como si del tren de alta velocidad se tratara, ambos hicieron el trayecto inaugural rodeados de más de una treintena de periodistas acreditados de las dos orillas. No es de extrañar que tras comprobar la media de velocidad (de setenta kilómetros por hora), al regreso dejaran plantados a los plumillas.

El pasado domingo, la inauguración de unas escaleras en una parroquia de Mos atrajo a una conselleira, un director general, la alcaldesa y demás autoridades. De acuerdo, que a los vecinos les hacía mucha ilusión ver concluida la obra, que esa es otra; pero, ¿no sería mucho mejor ahorrar en tanta inauguración y destinarlo a obras sociales, tal como están las cosas? Con tanto traje, solo en tintorería se ahorraría lo suficiente para financiar la comida de unas cuantas familias.

Otro ejemplo tenía lugar ayer mismo en un centro para personas con parálisis cerebral. Pese a llevar abierto desde enero, en los últimos tiempos no hace más que recibir políticos. Primero fueron las autoridades locales, quienes acudieron para presumir de un jardincito que habían financiado. Ayer hicieron lo propio los próceres autonómicos para poner nombre y apellidos a la financiación de la residencia. Menos mal que no osaron llamar inauguración al acto. Lo calificaron de visita.

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