Marine Instruments ya prueba el dispositivo en una docena de atuneros
16 jul 2013 . Actualizado a las 06:00 h.Tecnología puntera y mar. Es el binomio que hace cuatro años empezó a situar en el mapa a Marine Instruments, una empresa que, desde del parque empresarial de Porto do Molle (Nigrán) diseña y construye equipos electrónicos de pesca para todo el mundo. Su producto estrella son las boyas que, bien a través de un sistema de radio, bien vía satélite, son capaces de contar no solo la cantidad de peces que hay en un lugar determinado del océano, sino la variedad y el tamaño de dichos peces. Sus principales clientes son las compañías atuneras y sus boyas, más de 15.000, están salpicadas por los océanos Índico, Atlántico y Pacífico.
Francisco Pino, propietario de la firma, además de ingeniero es un apasionado del mar que ha conseguido vivir de su pasión. Explica que lo único que ha hecho es escuchar los problemas que le plantean los armadores y tratar de solucionarlos. Sigue haciéndolo. De hecho, el penúltimo diseño made in Marine Instruments -el último aún está terminando de hornearse- se encuentra en fase de pruebas en una docena de atuneros que faenan en el Índico y el Atlántico. Se trata de un equipo de control de pesca a bordo que han bautizado como ojo electrónico, y que realiza las mismas funciones que los observadores científicos que suelen enrolarse durante el tiempo que dura la marea.
Se trata de un aparato que, de forma automática, toma cada cinco segundos imágenes de la zona de cubierta por la que entra el pescado. Una vez en tierra, el observador no tiene más que descargar la cámara y en apenas un par de días puede hacer el trabajo de varios meses a bordo, esto es, anotar cada lance, el pescado capturado, las especies, el tamaño, los descartes... Fue precisamente el problema suscitado a raíz de la nueva normativa sobre descartes, lo que propició el diseño del ojo electrónico. «Antes de que sea obligatoria, los armadores quieren saber lo que hay», explica Francisco Pino, que añade que el interés de los atuneros está ligado a los sellos de calidad que garantizan que el pescado ha sido capturado de forma sostenible. Solo con ese sello se les abren las puertas de los clientes más importantes y para tenerlo es preciso llevar un observador a bordo.
Llevan más de un año y medio trabajando en el proyecto. Los primeros prototipos los probaron en un cerquero vigués, en una campaña de diez días. «En noviembre ya montamos los primeros en atuneros», señala Pino, que explica que el resultado está siendo muy bueno y confía en iniciar en breve la comercialización en masa.
La sonda que ahorra
De momento, la parte del león de la cifra de negocio de Marine Instruments llega de la mano de las boyas electrónicas. No son los únicos que las construyen en el mundo -hay otras cinco firmas que lo hacen-, pero Noemia Ortega, jefa de calidad de la empresa, sostiene que son las de más calidad.
Iniciaron la aventura en 1997, cuando los GPS empezaban a ser asequibles. Pino, regatista de vocación, construyó un prototipo para hacer un seguimiento de regatas. «Un amigo me dijo que me dejara de juguetes y que me pasase al mundo profesional». Y eso hizo. «Me presentó a unos armadores que me explicaron los problemas a los que se enfrentaban y, en base a eso, hice un desarrollo un poco casero», cuenta. Aquello resultó y unos meses después presentaba en la Feria Mundial de la Pesca la primera radioboya.
Ya con empresa propia, en el 2001 vendrían las boyas vía satélite, con paneles solares y ahora con sonda. Estas últimas no se limitan a indicar si hay atún o no, sino también el tamaño y la especie. El ahorro en combustible y, de paso, en contaminación, es el principal atractivo. Los barcos van a tiro fijo a echar las redes, lo que evita desplazamientos innecesarios.
En la pesca del atún se emplean una especie de palés flotantes de bambú de los que pende una red enroscada. Se lanzan a la deriva y se mueven con las corrientes marinas. Los objetos -hay cientos de miles flotando en el océano- constituyen un pequeño ecosistema para los peces, que durante el día se sitúan debajo atraídos por la sombra que proyecta y forman grandes bancos a su alrededor. Hay también más reproducciones.