«Noy hay ayudas para los jóvenes»

La Voz

VIGO

Érika es dependienta en el negocio que tuvo que traspasar agobiada por los impuestos y Jéssica no encuentra trabajo.
Érika es dependienta en el negocio que tuvo que traspasar agobiada por los impuestos y Jéssica no encuentra trabajo. A.M.< / span>

Jessica Vila fracasó como empresaria porque afirma que el Estado se lo puso muy difícil para poder emprender su negocio. Tomó las riendas de una panadería de su familia de la avenida de García Barbón, pero agobiada por los impuestos, al final tuvo que traspasar el negocio y de emprendedora se convirtió en empleada con un contrato de formación en el proyecto empresarial con el que un día soñó.

Su experiencia como mujer joven emprendedora duró tres meses hasta que el comercio entró en quiebra.

«Me pedían demasiado, que si avales, que si paga esto, que si la contribución, el IVA.., todo lo que ganaba era para dárselo al erario público», afirma.

Por eso le parece irónico escuchar a los políticos que hay ayudas para los jóvenes. «Lo mío es un claro de ejemplo de que no es así, a mí no me ayudó nadie», afirma.

De hecho, tras declarar la quiebra de la empresa dejó una deuda por no haber podido pagar la cuota de autónomos por valor de 700 euros, debido a que la empresa no tenía los ingresos suficientes. «Hacienda me reclama ahora el pago de esa cuota y ya me han avisado de que me van a embargar la nómina», lamenta.

Al menos se considera afortunada por tener un buen puesto de trabajo. Su jefe está contento porque es una buena vendedora y confía en que le vayan renovando el contrato. Contar con unos ingresos le ha permitido independizarse de sus padres e irse a vivir con su novio que, por el contrario, no tiene trabajo. Piensa que muy pocas personas de su edad han podido marcharse fuera de casa al no tener ingresos.

En la hostelería

Unos continúan sus estudios, mientras que otros buscan una oportunidad para independizarse. «En mi barrio son contados los que lo hacen y si trabajan es en la hostelería, que es donde más trabajo suele haber para los jóvenes», afirma.

Érika ya está acostumbrada a trabajar. Al cumplir los 15 años dejó los estudios para poder aliviar la economía familiar. Espera que la cosa cambie, pero cree que la reforma laboral ayuda poco. «Ahora un jefe te puede echar cuando le venga en gana, con esta reforma las empresas lo tienen todo a favor, mientras que obliga al empleado a buscarse la vida. Antes no era así», afirma.