En Vigo tenemos una amplia experiencia en privatizaciones, al menos municipales: los servicios de agua y recogida de basuras, la ORA, la limpieza de centros públicos, el vaciado de papeleras, el mantenimiento de jardines y parques infantiles y así un largo etcétera. El transporte público, que desde los 60 presta Vitrasa, nació en 1914 con los tranvías y ya entonces era privado como ahora. A la inversa, municipalizar lo público, nos depara algún ejemplo: la Escuela de Artes y Oficios, que nació del pueblo a finales del XIX y no tardó en ser municipal y el estadio de Balaídos, privado en origen y adquirido luego por el Concello. Nada que nos diferencie esencialmente de la inmensa mayoría de los grandes ayuntamientos españoles y de muchos medianos, desde los que los dos grandes partidos han promovido privatizaciones durante decenios.
En este contexto, el hospital público-privatizado de Beade parece que puede entrar en una fase definitiva para su construcción, según se ha dicho. De fondo, además de la oposición que la construcción y administración del futuro centro tiene en Vigo, las grandes protestas de Madrid contra la futura entrada en servicio de varios hospitales públicos, muy contestados. Y tanto o más impactante, el caso de Navarra, donde la pésima calidad del cátering hospitalario de una empresa privada ha escandalizado a la ciudadanía española. Con estos hechos da la impresión de que en Vigo van ganando en la opinión pública los contrarios a la privatización-externalización hospitalaria, sin duda también porque hasta ahora nadie ha dado datos convincentes de que lo privado en sanidad sea más eficiente que lo público y es dudoso que resulte más barato, por los beneficios empresariales.
En Vigo van ganando los contrarios a la privatización o externalización hospitalaria
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