La esposa de un acusado del crimen del hacha y sus 4 hijos están al borde del desahucio y sobreviven gracias a Cáritas
18 mar 2012 . Actualizado a las 07:07 h.«No voy a permitir que condenen a mi marido». María del Carmen Rodríguez, una cantante de orquesta y madre de cuatro hijos, lo ha dejado todo para sacar a su marido de la cárcel y alimentar a su familia. José Alejandro González Tilve lleva 15 meses en prisión provisional tras ser detenido, junto a un amigo, como supuesto coautor del homicidio de José Guerra, un jubilado y prestamista de Cabral. Alguien lo mató con un hacha o punzón el 23 de agosto del 2010. «No hay pruebas contra él», alega su esposa.
María del Carmen llevaba una vida feliz. Su marido traía dinero a casa como albañil y ella cantaba por toda Galicia en orquestas como Mundo Noche, De Tacón, Atlántico o Escala 2000. A mediados de septiembre del 2010, la policía empezó a hacer muchas preguntas. En esos meses, José Alejandro trabajaba en la reforma de una cafetería en Balaídos. Pero su huella apareció en un vaso de vino en la casa del crimen y fue detenido. «Mi marido no se acordaba ni del señor, luego admitió que estuvo en la casa pero eso no prueba nada», explica la esposa.
En el 2011, ella dejó su trabajo como cantante de orquesta y pidió ayuda a Cáritas para sacar adelante a sus hijos de 8, 12, 15 y 19 años. La salida de prisión del cabeza de familia es difícil porque la Audiencia niega su salida de A Lama por riesgo de fuga antes del juicio y «por desarraigo familiar». «Me tiene a mí y cuatro hijos. ¿A dónde va a escapar sin dinero?», replica.
La oenegé les ayudó a comprar la lavadora, les dio cheques de comida, les puso un psicólogo al hijo pequeño y a ella, y le pagaron un mes de alquiler. «Ya debo dos meses, esto puede acabar en desahucio», dice agotada. «Ahora soy el pilar de esta casa pero me derrumbo mucho a la noche, menos mal que mi familia me apoya. No sé de dónde saco las fuerzas, es duro pero lo hago por los niños», afirma. Sus únicos ingresos son el preparo, tras trabajar en el útil de peones, y la pensión por minusvalía de la abuela de los niños.
Su marido reconoció que había estado en la casa de José Guerra la tarde del crimen con un amigo para comprar unos conejos y el dueño les invitó a un vino. El jubilado comentó que tenía un pleito con un sobrino por una entrada a la casa. Se marcharon y no volvió a verlo. «Cuando le interrogó la policía no sabía que había muerto», dijo ayer su esposa en una rueda de prensa para solicitar la liberación. Se plantea emprender movilizaciones. «Si fuese culpable que lo pague, pero no me cabe duda que es inocente. La única prueba contra él es la huella del vaso», comenta.
La policía se llevó de su casa dos veces un sobre de la pensión de mi madre, dos chándales y dos tarjetas telefónicas del hermano. Los agentes también examinaron las llamadas de Alejandro y su esposa. «Vinieron aquí dos veces pero no tienen nada. Piensan que es un matón por su imagen de alto y fuerte pero es un buen padre. «¿Para qué iba él a agredir a ese señor? Si hace falta, voy a Madrid a pedir la libertad», dice la mujer, que contrató a un letrado por Internet.
María del Carmen Rodríguez ha visitado a su esposo en la penitenciaría de A Lama. «Dicen que la ley nos protege de mi marido, pero ¿qué ley es esa? Si yo no necesito protección, lo que quiero es que salga de la cárcel. Allí está mal, adelgazó mucho, tiene el colesterol alto y la tensión alta, estuvo fatal», relata la mujer. Pese a ello, «está tranquilo porque no hizo nada, no es un ladrón ni un asesino. Ni siquiera sabía que ese señor había muerto». Y sentencia: «Aquí todo el mundo es culpable hasta que se demuestre lo contrario; debería ser al revés».
La oenegé les da cheques comida, les pagó un mes de alquiler y les puso un psicólogo
«Mi marido lo pasa mal en A Lama pero está tranquilo porque él no hizo nada»