Llegó a la alcaldía con un presidente autonómico socialista. Tomó el bastón de mando con un jefe del Gobierno central también del PSOE. Pero todo apunta a que a partir de mañana Abel Caballero será un pequeño islote en medio de un océano popular.
El alcalde de Vigo, curtido estratega, ha ido mudando su escenografía en función de esa evolución electoral para afianzar lo más posible sus posiciones. La alianza que aseguraba tener con Emilio Pérez Touriño, que en todo caso apenas redundó en beneficio de Vigo, se tornó en duro enfrentamiento contra la presidencia de la Xunta en cuanto Feijoo tomó el relevo. Lejos de perjudicar la posición del alcalde, que el jefe del Gobierno gallego fuese del partido adversario le dio la oportunidad de confrontar, de arrogarse el papel defensor de la ciudad y con cada respuesta airada de la Xunta, ir subiendo peldaños hasta combatir contra Feijoo de igual a igual.
La apelación al maltrato de Vigo se convirtió en la hoja de ruta del regidor municipal, pero para ello le hizo falta un contraste, las inversiones del Gobierno central, con las que demostrar que solo el socialismo es rentable para la ciudad.
Pero ahora, hoy, llegan las urnas y con ellas, previsiblemente, una segunda marea popular. Y el alcalde tiene dos salidas: la primera, encastillarse aún más, y denunciar el poco caso que el Ejecutivo de Rajoy pueda hacerle a sus peticiones, tampoco atendidas por Xunta y Diputación; o por el contrario mudar de libro de ruta y buscar espacios de acuerdo con las administraciones populares para evitar que Vigo quede al margen de las inversiones públicas y la atención institucional.
Claro que si Caballero opta a partir de mañana por tratar de lograr alianzas con Madrid, Santiago o Pontevedra, al margen de lo creíble que resulte, se topará con la animadversión que ha generado entre los cuadros del PP desde que volvió a la vida política.
Pero no es imposible cambiar de rumbo, por muy fuerte que haya sido la tormenta, y menos para él, que es marino mercante, aunque se maree en una travesía a Cangas, como desveló Rubalcaba. Manuel Fraga, que fue uno de los azotes más descarnados del PSOE, llegó a ser recibido en un solo día por todos y cada uno de los ministros de uno de los Ejecutivos de Felipe González, y pactó con alguno de ellos alianzas como la que posibilitó las autovías de acceso a la Meseta.
Caballero, deberá pues buscar cómo puede ser más rentable a Vigo, lograr que se mantengan las infraestructuras aprobadas y evitar que los próximos cuatro años no llegue ni agua a la pequeña isla ubicada en medio del océano popular.