Hay fiestas que resultan poco oportunas. En 1995, Sanxenxo creó la de la Raia, cita gastronómica que sonaba a cachondeo, en una época en que las planeadoras volaban cada noche sobre las Rías Baixas. Para la Guardia Civil y el SVA, la cosa debía parecer una rechifla, en un país con una villa llamada Porriño y una populosa Festa da Coca en Redondela. Ni en la Colombia de Pablo Escobar se atrevían a tanto.
Otros festejos rechinan por cuestiones históricas. En Vigo mismo, podría provocar cierta incomodidad la Reconquista, que celebra la expulsión de los franceses que vinieron a ocuparnos hace dos siglos. En la actualidad, la ciudad vive en buena parte de los franceses mismos, a través de la fábrica de Citroën.
No queremos imaginar qué pensaba el director general, Pierre Ianni, cuando escuchaba a Antón Bouzas imitando a Chalot en un simulacro de la lengua de Molière. En cualquier caso, no debió de parecerle tan mal, teniendo en cuenta que acaba de irse de la ciudad, declarando su amor hacia ella.
Todo esto afianza nuestra sospecha de que, si Cachamuíña viviese en nuestros días, trabajaría en Citroën.
Pero al capítulo de fiestas un tanto inoportunas acaba de sumarse una que promete: la Festa do Chourizo de Gondomar. La cita será en Vincios, el próximo fin de semana, coincidiendo con el cierre de campaña de los comicios generales, lo que ha despertado la polémica. Al punto de que el Ayuntamiento ha tenido que desmarcarse de la organización del evento, porque parecía un sarao electoral pagado con dinero público. «Un chourizo, un voto», ironizaba la oposición del BNG.
Sin embargo, no es la parte electoralista la que suena rara en esta fiesta gondomareña, sino el nombre mismo de la celebración.
Que en Gondomar hagan una fiesta del chorizo suena como si la Festa da Raia fuese en el pazo de Baión. Porque basta coger las hemerotecas para comprobar que, en este municipio, al igual que en Nigrán, se han sucedido en los últimos años toda suerte de escándalos políticos y corruptelas que no son precisamente para organizar una fiesta.
Está muy fresca la noticia como para andarse con bromas. Este mismo año, el Tribunal Superior de Galicia confirmó las penas para los concejales de Cultura y de Urbanismo gondomareños que cobraban comisiones a cambio de licencias.
Así que, teniendo Gondomar tan hermosa historia, parajes y gastronomía, ¿qué necesidad hay de acordarse de los chorizos? Mejor será pasar página y olvidar tanta ignominia. Que pasen los tristes viejos tiempos y llegue la regeneración necesaria. Así que menos chorizo. Con lo ricas que son las rosquillas y el roscón de yema, ¿a qué recordar la chorizada?
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