Por lo general, nuestro oído está acostumbrado a escuchar obras de gran calidad y con un rigor interpretativo espectacular pero que en determinadas ocasiones pueden incluso resultarnos insulsas. Todo lo contrario de lo que pudo percibir el público de la ciudad olívica en el Centro Cultural Novacaixagalicia con la puesta en escena de una de las óperas más conocidas de Verdi, la Traviata. En un estudio realizado a los músicos de la Orquesta Sinfínica del Principado de Asturias se compara su esfuerzo cardíaco en relación con deportistas de élite, con el factor añadido de que en las interpretaciones musicales hay un factor no medible como la emoción. Esta fue la diferencia entre todas las traviatas y la del pasado martes.
Podríamos hablar de un coro perfecto en el que el sonido grave dotaba de un color único al colectivo. Podríamos mencionar la pulcritud de la orquesta a lo largo de toda su intervención, capaz de lograr la sensación sonora deseada sin destacar lo más mínimo en favor de los solistas.
Incluso mencionar la labor del director José Antonio Irastorza o de los responsables de escenografía para crear el ambiente de mediados del siglo XIX. Pero lo que marcó la diferencia entre esta actuación y el resto fue la emoción puesta por todos y cada uno de los nueve solistas implicados en la ópera de principio a fin. Capitaneados por María Ruiz, Ricardo Bernal y Ulises Fuentes en los papeles de Violetta Valery, Alfredo Germont y Giorgio Germont, respectivamente, la compañía Escena Lírica S.L. ofreció un sinfín de momentos mágicos que fueron agradecidos por el público con una decena de ovaciones durante el transcurso del evento.
Los rasgos formales estuvieron bien en líneas generales aunque con algunas licencias. Hablar del vibrato bien direccionado de los solistas, el sonido homogéneo tanto del coro como de los solistas entre ellos y con la orquesta, el dinamismo en escena que conseguía que el escenario pareciese pequeño, efectos de iluminación y los atributos de cada uno de los componentes son elementos indispensables para una buena actuación, pero lo que marcó la diferencia fue la pasión y el entendimiento de todos y cada uno de los personajes.
La música es expresar un sentimiento y no la mera ejecución de notas y esto fue lo que se consiguió. Incluso parecía que Verdi había escrito la obra para este perfil de músicos. Lástima que el compositor no les hubiese escrito más música en sus intervenciones.