Sequía prolongada y altas temperaturas están propiciando un terrible final de verano en nuestros montes, con más de cuatro mil hectáreas arrasadas en las últimas horas. Como siempre, un alto porcentaje han sido intencionados y en lugares y horas que hacen más difícil apagarlos. La Xunta actual habla de alta actividad delictiva y la anterior veía tramas organizadas detrás de los incendios. Se reclama por un lado más vigilancia y por otro se exigen mayores efectivos para luchar contra el fuego.
Es necesaria la vigilancia, imprescindibles los medios de extinción y hay que perseguir, detener y juzgar a los incendiarios. Pero hay que subrayar una vez más que nunca serán suficientes los recursos contra el fuego si no se centra el esfuerzo en evitar que el monte arda. Igual que es imposible un despliegue permanente de equipos antiincendios capaz de garantizar la extinción inmediata, lo es disponer de efectivos suficientes para mantener limpios todos los montes de Galicia. Lo será mientras gran parte esté abandonado.
La enorme tarea pendiente es que esas enormes superficies hoy selváticas vuelvan a ser rentables, al menos socialmente. Para afrontarla, es imprescindible una acción política continuada, en la que el primer paso es evitar que cada Gobierno enmiende lo que hizo el anterior. Décadas de incendios y montes arrasados exigen un esfuerzo negociador que alumbre un plan de acción integral para los montes, que abarque desde la identificación de los propietarios y sus obligaciones de conservación hasta dinamizar su explotación en todas las vertientes posibles, desde la forestal a la turística.