El ciclón de Moaña

Xosé R. Castro

VIGO

Es un jugador genial, distinto, capaz de salvar los muebles en diez minutos, también de vivir un cruce de cables y dejar vendido al equipo. Pero Iago Aspas está fino, en una condición física envidiable y parece que con la cabeza cerca de su sitio. Ni Herrera ni el Celta pueden desaprovecharle ahora. Ayer montó el taco en diez minutos. Cambió el rumbo del partido y cimentó el rescate y el empate. Un punto que no debe evitar la autocrítica de un duelo que dejar demasiadas lagunas. Se puso de cara, pero el Xerez parecía un vendabal ante un equipo a la deriva que volvió a evidenciar sus problemas defensivos y también una alarmante falta de consistencia en el centro del campo. Menos mal que Aspas lo arregló.