Mirándose al ombligo y ocupado en sus propias cuitas, el Dépor regresa esta tarde a Riazor, su balneario, el fortín donde amparado por la afición ha ofrecido la mejor cara. Solo la irregularidad de sus resultados a domicilio y la incertidumbre que despierta su fútbol se convierten en la botella medio vacía de un arranque de Liga en el que gracias a cuatro victorias (tres en casa) se agarra a los puestos de ascenso. Tras dos partidos consecutivos con el Alcoyano donde ha concitado más temores que confianzas, se enfrenta ahora al Nàstic de Tarragona, que hace cinco temporadas tocó el cielo de Primera, pero se ha salvado por los pelos de caer a Segunda B en las dos últimas.
Poco importa el rival cuando en juego está mantener el optimismo y vislumbrar esa velocidad de crucero que ha de alcanzar para confirmar su favoritismo en Segunda División. Quizá hoy sea un buen día para ofrecer las primeras señales en forma de partido completo con dominio, ocasiones y, por supuesto, victoria final.
Los augurios son los mejores, pues hoy se reúnen otra vez sobre el césped las tres referencias vitales de este Dépor. Vuelve el pulmón de Guardado, tras su marcha con la selección en los dos últimos partidos, al tiempo que se confía en el dulce momento de Salomão y los fogonazos de Valerón.
En el Nàstic -«un equipo con mejores futbolistas que números», avisó ayer Oltra- figura el compostelano Fernando Seoane, excompañero de Álex Bergantiños en el mediocentro de este equipo la pasada campaña, y recupera a los lesionados Morán y a Tuni, con trayectoria en Primera.