EEn cuánto las cosas se complican, o entran las dudas, se oye el murmullo. No es fácil jugar así. Te descentra y te atenaza». Pero no me digas que el problema es ese. Cuando el Celta juega fuera no creo que le hagan la ola, también habrá silbidos. «Ya, pero fuera es distinto, el plan es otro». Pues entonces el problema será el plan. «No solo, también la concentración, la seguridad, nos marcan con media ocasión». Por más que uno busque explicaciones, la realidad es esa. El mismo plantel que fuera acuchilla a traición, en casa se acompleja, se acobarda y se diluye con un soplido. Desde hace mucho. El sábado se fue al descanso mereciendo la remontada y volvió drogado. En el momento menos oportuno, sin motivo aparente, le entra el ataque de pánico. No hay quien sea capaz de reconducir el barco con un golpe de orgullo. Herrera debe agarrar el toro por los cuernos, los jugadores, que tienen cualidades evidentes, demostrar lo que valen y la grada sortear el ruxe ruxe, consciente del enfermo que se trae entre manos. O eso, o entre todos seguirán cavando la lápida en el jardín de casa.