Pituca Tizón fundó hace 60 años el establecimiento que ahora tiene cuatro sucursales
02 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Si hay un sitio en Vigo donde se puede pegar la hebra (y de paso, comprar hilos) es en Saldaña. La popular mercería viguesa, que empezó como bazar, ha cumplido 60 años, pero no se ha quedado anclada en el siglo pasado. El negocio que Hermitas Tizón (Pituca, que es como todos la llaman), abrió con su marido, Luis Saldaña, un 5 de enero de 1951, víspera de Reyes, camina hacia el futuro, por eso tiene página web y presencia en Facebook, donde la misteriosa Señorita Piti contesta lo que los internautas preguntan y ofrece sus consejos sobre un mundo que se convirtió en marciano desde que se inventó la confección en serie y ahora coser un botón es un reto.
Pero en casa del herrero, ya se sabe: «Es bonito saber coser un botón pero a mí no me gusta porque mi madre me cosía todo y yo siempre estuve ocupada trabajando aquí». Pituca recuerda que en los años 70 había muchísimas fábricas de botones, más de 80. Ahora quedan dos o tres», se lamenta. Y también rememora cómo creció el local: «Aquí había una ferretería y encima vivía un señor que tenía 8 hijos, cinco eran mudos. Luego ampliamos cogiendo la carnicería que había al lado».
Cuando había modistas
Aunque en la minúscula tienda sigue habiendo largas colas, Pituca reconoce que vivieron tiempos mejores. «Era una época en la que se hacía la ropa en casa y había muchísimas modistas, aquí cerca teníamos más de una docena. Ahora la ropa la hacen los chinos por cuatro perras, así que hasta que no se rebelen...». Pero en Saldaña sigue habiendo mucha clientela, conversación y alegría. Además, con la crisis, mucha gente ha vuelto a hacerse arreglillos. Lo que antes se tiraba, ahora tiene otra vida. «Se vende mucho para hacer arreglos y para hacer tocados de fiesta (que en este momento es lo que más demanda tiene), cintas, hilos, y además tenemos otra mercancía como ropa interior, calcetines, diademas, lazos, telas de carnaval... hay que ir luchando», resume.
La matriarca tiene 78 años y está jubilada desde hace trece, pero cada vez que puede se acerca por el local que para ella es una prolongación de su hogar. «La costumbre», se justifica.
Pituca está unida para siempre al sector de la mercería, pero nada presagiaba ese camino. Llegó por casualidad: «Yo estudié Empresariales, que entonces se llamaba peritaje mercantil. Hice de delineante de mi padre, que era aparejador. Como me gustaba dibujar me metió los planos en la mano, pero me aburría. Sin embargo, aquí nunca me aburrí», reconoce.
Saldaña, además de tener presencia a pie de calle en el centro de Vigo y en Internet, ha crecido no solo de manera virtual, ya que actualmente cuenta con tres locales más en Vigo y uno en Pontevedra. «Además, cuando vivía mi marido también teníamos almacén al por mayor en la calle Simón Bolívar», apunta. Los hijos de Pituca y Luis se pusieron al frente de las sucursales y la hija, María Auxiliadora, permanece en el primer local, el de la calle Progreso, donde cuatro empleadas más hacen turnos de mañana y tarde.
«Se merece ser viguesa distinguida, y no lo digo porque sea mi madre. No sabes lo que ha luchado esta mujer», apostilla su hija, que ya lleva 35 años en el establecimiento original. «Yo nací y crecí aquí y mi trabajo me gusta. Para mí aún sigue siendo como un juego», asegura.
Pituca solo tiene nietos varones, siete, así que no está muy segura de que la saga continúe. María Auxiliadora tiene un hijo, «pero se le da por irse a la Serra do Caurel y por la cría del porquiño celta», cuenta la abuela, que vive un retiro feliz en su casita del barrio de Teis. «Lo que me apetece ahora es disfrutar de la naturaleza. Viajé mucho, pero no me gusta demasiado, aunque se aprende. Lo que realmente me satisface es estar aquí, ir a la playa y cortar hierbas».