Un recorrido por distintos centros y organismos oficiales de Vigo desvela que la seguridad se puede burlar muy fácilmente sin que sirvan de nada arcos y guardias en los accesos
01 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Que Vigo sabe cuidarse a sí misma lo demuestran las escasas medidas de seguridad que rodean a sus habitantes, lo que sin duda hace de ella una ciudad más vulnerable.
Un recorrido por distintos edificios públicos demuestra que todavía existen controles muy rudimentarios, más propios del siglo XIX que del XXI. En otros casos las modernidades sirven de poco.
Visitamos la delegación de la Xunta en Vigo, el Concello, los dos edificios judiciales, Hacienda, la nueva estación de tren y el Hospital Xeral y en ninguna de estas dependencias detectaron la navaja que guardábamos con celo en el bolso.
La delegación de la Xunta en Vigo fue la instalación en la que más controles pasamos. Superada la entrada por el arco de seguridad, el bolso corrió la misma suerte tras pasar por la cinta, controlada a su vez por personal a través de una pantalla. Ni pitido, ni rastro de la navaja. Eso sí, los guardas nos hicieron identificar y se interesaron por nuestro destino, algo que comprobaron posteriormente por teléfono. Sin el más mínimo problema logramos llegar con el arma blanca hasta la planta séptima, donde se encuentra la sede de la delegada de la Xunta en Vigo.
En el polo opuesto a la administración autonómica se encuentran las dependencias municipales. Si bien la primera entrada al vestíbulo o lonja del Concello carece de cualquier medida protectora, la siguiente puerta que conecta directamente con las distintas estancias y escaleras tiene como único filtro a un conserje sentado frente a una rústica mesa. Nada que objetar y seguimos adelante. Al contrario de lo que sucede con el mobiliario de los políticos, en este caso los enseres aparecen visiblemente ajados. Un calendario y un par de folios es el único material que maneja el funcionario por si se da el caso de algún incidente.
Una vez en el interior, accedemos sin problemas a la Alcaldía, en cuyo vestíbulo está situada habitualmente otra conserje, cuando no tiene que desplazarse por las oficinas. Este era el caso en el momento en que entramos con la navaja en las dependencias de la Alcaldía sin tropezarnos con un alma por el camino.
La imagen cambia por completo cuando amenaza manifestación o se celebra pleno. En ese caso, huelga acudir con cualquier tipo de arma al correr el riesgo de ser detectada en uno de los cacheos rutinarios efectuados por la Policía Local para evitar la introducción de panfletos. Pese a ello, las medidas de seguridad han sido burladas en más de una ocasión por los colectivos, que una vez en la sala, han desplegado las pancartas o carteles, ocultos entre la ropa interior.
Otra de las visitas tuvo como protagonista la Delegación de Hacienda, en cuya entrada nos encontramos una persona de seguridad, el arco y la cinta. Atravesamos el arco y al no recibir instrucciones preguntamos si pasábamos el bolso por la cinta. «Sí», nos responden. Esperamos que nos delate el pitido y de nuevo, nos quedamos con las ganas. Una vez en el interior, nos movemos sin problemas de un lado a otro.
La estación
En la nueva estación de tren Vigo-Guixar, ubicada en el Areal advertimos la presencia de una persona de seguridad que pasea por las inmediaciones del edificio. Sin embargo, al margen de la entrada principal existe una parte abierta por un lateral que permite entrar y salir desde los andenes a la calle.
Nuestro paso por estas instalaciones fue un paseo militar, con la única salvedad de la negativa del guardia de seguridad a salir en la foto. En ningún momento se interesó por el contenido de nuestros respectivos bolsos, pese a lo abultados de ambos. La incursión por los juzgados fue de lo más instructiva. Pasamos la puerta principal y atravesamos el arco. Pese a pitar, nos indican que sigamos adelante, mientras que la navaja no da señales de vida desde el interior del bolso. A partir de ese momento nos movemos con total libertad: instrucción penal... Visitamos todas las instancias navaja en mano para acto seguido pasar al otro edificio judicial. La misma operación. En este caso, pasamos el arco y a diferencia del anterior, no pita.
Nos preguntamos qué baremos se utilizan con estos aparatos para que en un edificio judicial suene la alarma y en otro no y recordamos un robo registrado en un juzgado de guardia hace aproximadamente un año, señal de que algo falla.
Finalizamos el periplo para comprobar las medidas de seguridad existentes en Vigo con una visita al Hospital Xeral. Ni rastro de control alguno por pasillos, salas de espera, vestíbulos. Nos movemos de unas dependencias a otras y lo único que vemos es una cola infinita para conseguir cita con algún especialista.
Realmente da la impresión de que la seguridad de la ciudad depende en gran parte de la buena voluntad de sus habitantes a juzgar por la experiencia vivida.
La delegación de la Xunta de Galicia es la que tiene controles más estrictos
Los medios en la entrada del Concello son de lo más rudimentarios
En un edificio judicial pita el arco cuando pasamos y en el otro no da señales de vida
En el Hospital Xeral no hay rastro de controles, solo una cola infinita para lograr cita