Pese a haber sido elegida como cabeza de lista para las elecciones generales, Carmela Silva se quedó muy preocupada al vivir en la noche del viernes la división y enfrentamiento que sus compañeros de partido de toda la provincia escenificaron en un hotel de Pontevedra respecto al liderazgo de Pachi Vázquez, la autoridad de su ejecutiva, el cumplimiento de las normas internas, pero también, sobre la idoneidad de los nombres elegidos para la batalla electoral del 20-N. «Ha sido un gran error, es una equivocación», reflexionó la teniente de alcalde viguesa, refiriéndose al enfrentamiento en el que están sumidos los socialistas en plena precampaña. Pero esa guerra interna tiene su origen en el empecinamiento de Silva de no querer comprometerse de manera clara a abandonar el Concello cuando sea elegida diputada, y en dejar en una nebulosa su obligación de cumplir las normas que los socialistas gallegos se han dado. Las huestes de Silva prepararon el terreno en los últimos días clamando por una excepción a la regla para que la teniente de alcalde no tuviese que someterse a los dictados de Pachi y a las normas del PSdeG, y eso caldeó los ánimos.
Los representantes de las agrupaciones pequeñas se unieron frente a lo que consideraron un abuso de Abel Caballero y su gente; los críticos encontraron nuevos aliados en su larga guerra, y el secretario de los socialistas pontevedreses, Modesto Pose, perdió los papeles tras reconocer también que en el PSdeG se libra una partida de ajedrez por su liderato. Pose, al que le costó aceptar en público la existencia de la norma de las incompatibilidades, acabó por restarle relevancia, pese a que él mismo la integró en las que adoptaron los socialistas pontevedreses. Ante la reprobación de gran parte de los asistentes, cargó también con gran contundencia contra Pachi Vázquez. «En Galicia no hay política de oposición», aseguran varios presentes que dijo el jefe del PSdeG de Pontevedra, delante incluso del portavoz del grupo parlamentario, el vigués Abel Losada. Pese a ser un hombre del círculo de Caballero, Losada, tuvo que rebatir con fuerza a Pose, aliado del alcalde de Vigo en el tablero socialista, advirtiéndole incluso que iba a llamar por teléfono a Pachi Vázquez en ese mismo instante para contarle lo pronunciado desde el estrado.
Decenas de parlamentos más, enfrentamientos y disputas en el comité del viernes, dibujan en definitiva un PSOE pontevedrés roto en dos pedazos, dividido a dos meses de las elecciones y con un gran contingente de cuadros camino de la desmovilización. Por eso 41 de los asistentes ni quisieron votar la candidatura encabezada por Carmela Silva, que se hizo con 58 apoyos, frente a 34 papeletas de rechazo y siete abstenciones, un resultado raquítico para una portavoz del partido en el Senado, la número cinco del PSOE de toda España, como fue presentada. A Pachi le toca ahora mover ficha, o de lo contrario asumir que ha perdido la partida.