La acusada del crimen de Coia no actuó drogada, según los forenses

E.V.PITa VIGO / LA VOZ

VIGO

La supuesta agresora asestó puñaladas con tal violencia que dobló el filo

16 sep 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

El análisis forense (screaming) reveló que la implicada Rosa Alexandra da Costa no había consumido drogas cuando, supuestamente, asestó 20 cuchilladas a José Fernando Benavides Riobó en un piso de Coia a las 23.50 horas del viernes 8 de agosto del 2008. Esto desmontaría su excusa de que actuó bajo la influencia de sustancias que anularon su consciencia de los hechos tras sentir un miedo insuperable a ser agredida y violada por el joven. Los expertos en psicología criminal dudan que esta sufra amnesia selectiva porque no se acuerda precisamente de las 20 puñaladas y recuerde con detalle los sucesos anteriores y posteriores al crimen.

La autopsia de la víctima revela que José, de complexión débil, intentó defenderse de las 14 punzadas de tanteo que le asestó su presunta agresora y que le hicieron erosiones superficiales. También tenía 3 cortes en la mano derecha. Los forenses creen que él estaba ebrio, lo que anulaba su capacidad de reacción y quedaba indefenso ante un agresor sobrio. La autopsia revela que la sangre del fallecido contenía una tasa de 1,06 gramos por litro, más de cuatro veces lo que la ley le permite a un conductor experimentado.

Las excusas de la mujer, uruguaya de nacionalidad española, para conseguir una atenuante o una eximente por drogadicción parece desmontarse. Ella alega que fumó porros, consumió rayas de cocaína y bebió grandes cantidades de alcohol como ron o crema de orujo. Y los análisis revelan, por contra, que en su organismo aparecieron leves rastros de alcohol y, en la muestra de su pelo, solo queda probado que hace siete meses ingirió cocaína pero no el mismo día del crimen.

Hay otras pruebas de que la implicada no actuó influida por la ingesta de alcohol o drogas. Por ejemplo, una cuchillada fue tan fuerte que atravesó una costilla y dobló la punta del cuchillo. Otra, la que le mató, la hundió 16 centímetros en el tórax y cortó por dos lados la aorta y dañó el pulmón. La policía halló huellas de la víctima en la hoja de uno de los dos cuchillos del baño y en otro escondido en un armario, y restos de la piel de la mano de la sospechosa en los mangos. Un filo ensangrentado fue lavado con lejía.

La víctima falleció en «dos minutos» por pérdida de sangre, según un forense. Los expertos creen que el resto de las cuchilladas eran innecesarias. Cinco fueron asestadas en la espalda y varias en el costado. La Fiscalía cree que ella quería infligir dolor al moribundo, un agravante que eleva el delito a asesinato. El juicio continúa el día 23.