«Pero, ¿aquí no hay tablaos?»

maría rodríguez VIGO / LA VOZ

VIGO

Los tópicos siguen vigentes entre cruceristas que llegan a Vigo, aunque al partir reconocen quedar muy satisfechos

19 ago 2011 . Actualizado a las 10:56 h.

Vienen buscando sevillanas, castañuelas y tablaos flamencos pero al desembarcar en el puerto de Vigo se topan con una realidad bien distinta... que les acaba cautivando. A las 9 de la mañana de ayer, el crucero Independence of the seas volvía a recalar en la ciudad olívica con más de 3.000 pasajeros a bordo.

Entre los planes de los recién llegados estaban conocer los monumentos más importantes de la ciudad, ir de tiendas y probar la gastronomía gallega, aunque no faltaban quienes, despistados, dudaban de la ubicación de Vigo en el mapa de España y preguntaban por el arte flamenco a su regreso al barco. «Pero, ¿aquí no hay tablaos?», inquiría sonriente Caroline Hall, pasajera inglesa que celebra en el Independence sus veinte años de casada. Resuelta la confusión -con gran sorpresa por su parte- comenta que lo que más le ha gustado de Vigo es su arquitectura y la música de los gaiteiros, aunque su marido recuerda que tampoco han perdido la ocasión de pasarse por el centro comercial del puerto para renovar sus gafas de sol.

Como ellos, John Byles y su familia también han aprovechado para ir de shopping. «¡Mira todo lo que hemos comprado!», exclama mostrando las bolsas que sostiene en ambas manos. Pero lo que realmente le ha fascinado a este turista inglés es el sol. «Mi mujer y yo ya conocíamos Vigo de un viaje anterior y nos llovió todo el día. Fue un tiempo muy parecido al de casa. En cambio, mis nietos es la primera vez que vienen, y me alegro de que hayan visto la ciudad con este buen tiempo», explica animado. Por su parte, Robert Sargeson y su esposa Susanne esperaban una ciudad más industrial: «Está muy limpia, ordenada y organizada. Nos llevamos un buen recuerdo. La pena es que necesitaríamos más tiempo para ver todo», lamenta.

Hacer caja

Los comerciantes de la zona aprovechan el tirón semanal de la avalancha de turistas de cada crucero, aunque los más beneficiados son los bares y restaurantes cercanos al muelle de trasatlánticos. «Lo que más piden es sangría, sidra y cerveza. Se vuelven locos con la sangría», explica Bernard García, de la cafetería La Caracola. ¿Dominan el español? «Que va, no lo habla ninguno, aunque nosotros intentamos bromear un poco con ellos para que se sientan más a gusto», confiesa.

Para comer, qué mejor que un buen marisco de los que se pueden degustar en el mercado da Pedra. Allí, Gustavo Trezado, del mesón O Portón, lo tiene fácil: «Estos turistas buscan sobre todo tapear. En el crucero ya les dan de comer y aquí lo que quieren es probar nuevos platos y el marisco nunca se escapa de la lista». «Y todo lo piden con mucho ajo y picante, eso les encanta», apunta el camarero David Da Silva.

Las tiendas de ropa también se suman al carro y en días de crucero como el de ayer su facturación aumenta. «Con este crucero en concreto sí que lo notamos. Son cerca de 3.000 los que se quedan a visitar la ciudad -el resto participa en excursiones organizadas por el propio buque a Santiago, Baiona o Sanxenxo- y muchos vienen a comprar ropa aprovechando que conocen la tienda ya de antes, explica Pablo Pérez, de una famosa firma de ropa. El negocio también está en que ésta sea la última parada antes de regresar a Inglaterra tras 14 días de viaje. Ellos se marcharon ayer, pero hoy otro crucero, el Azura ya ocupa su puesto.

de crucero «independence of the seas»

Los cruceristas que ayer visitaban Vigo quedaban prendados por su arquitectura. Las plazas, avenidas y fuentes de la ciudad fueron las grandes admiradas.

Salen del barco dispuestos a pasar un día de shopping por Vigo. El centro comercial del puerto, los mercadillos ambulantes o las tiendas se souvenirs son los más beneficiados.

Antes de llegar a Vigo conocen poco o nada de la ciudad, solo que es industrial. A su regreso al crucero piropean el orden y la limpieza de todas sus calles.

El sol

Una buena temperatura quiso acompañar ayer a estos turistas. Los que saben que el clima gallego puede compararse en ocasiones con el inglés se extrañaban del sol, los que venían con tópicos españoles consiguieron reforzarlos.