El trofeo del Celta

VIGO

12 ago 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Estarán contentos en el gremio de la orfebrería con las declaraciones del alcalde, culpando a unos joyeros de la bufonada del trofeo Ciudad de Vigo. Según la versión oficial, fue el establecimiento el que se retrasó en la entrega de la pieza, lo que obligó a dar al Sporting de Gijón un trofeo de segunda mano, que se guardaba en las vitrinas del Celta tras ganarlo alguna temporada anterior. Imaginamos a Pepe Gotera y Otilio arrancando la placa original, con el año correspondiente, para sustituirla por la falsificación. Y a Caballero y a sus concejales rezando en el palco para que los vigueses ganasen el partido, al objeto de mantener oculta la patraña. No fue así por un inoportuno gol en el último minuto. Y, ahora, días después, los asturianos se enteran por la prensa de que en Balaídos le hicieron la del «tocomocho».

La explicación de la Alcaldía parece, sin embargo, poco creíble. No resulta verosímil que, después de tantas décadas, a una joyería se le olvide cómo hacer el trofeo Ciudad de Vigo. Y que, por primera vez en la historia, incumpla los plazos de entrega. Me parecería más real que, o bien se dejó sin consignar este gasto, o bien alguien se olvidó de hacer el encargo a tiempo. Si tuviese que apostar, pondría todo a que ha sucedido un fenómeno de «¡Ay va: Los donuts!» Y que, poco antes de comenzar el partido, alguien descubrió que no se había contratado la cosa, con lo que se decidió acudir al museo del Celta y, a modo de rastrillo, tomar prestada una pieza antigua y hacer, a toda prisa, la chapuzada. No debemos olvidar que las competencias de Deportes son nuevas para el actual equipo de gobierno.

En cualquier caso, lo seguro es que el suceso fue ocultado deliberadamente. Se perpetró ante las cámaras el simulacro y se intentó que nadie conociese la chapuza. Actitudes como ésta ayudan muy poco a generar confianza en la política.

Para muchos, la astracanada del trofeo habrá sido un caso menor. Por su puesto, no estamos ante un asunto de vida o muerte. Pero todo depende de cómo valoremos el mundo del fútbol, que vive de la pasión de sus seguidores y de un halo de tradiciones y leyendas que hacen que un celtista, por ejemplo, renueve año tras año su carné de abonado, aun en las temporadas más soporíferas en Balaídos. Desde este prisma, rompe todo romanticismo el hecho de sacar un trofeo antiguo, ya ganado por el Celta, cambiarle las placas y entregarlo a otro equipo como una pieza de baratillo. Conozco aficiones rivales que se deben de estar partiendo de la risa. Y el trofeo Ciudad de Vigo ha quedado bastante desprestigiado. Al punto de que, el próximo verano, en lugar de la V de plata, bien podrían entregar el palo de una escoba, una regadera o un gato chino de la suerte.