Aquí no hay quien viva

La Voz

VIGO

uién lo iba a decir. Garai y Trashorras metidos en un mismo barco. Garai comenzó el pulso el día en el que el Celta decidió no renovarle. Tensó la cuerda. Amenazó con marcharse. Mecanismo de presión, quizá, pues su deseo siempre fue seguir. El petardo le estalló encima. Pues si no estás a gusto, vete. Herrera no lo consideraba imprescindible. En la segunda vuelta, se vio inmerso en demasiadas batallas internas. La más cruel, con el que ahora es su extraño compañero de salida. Trashorras llevaba tiempo en el alambre. Demasiados líos para un alto sueldo. No quiso irse con los rusos a precio de oro. Herrera perdió la confianza en él hace tiempo, por más que mantenga las formas. El club quería sacárselo de encima y apostar por Iago Falqué, más barato y menos conflictivo. Los dedos señalan a Chaves, y quizá sea la única vez en la que el barro le cogió debajo. La gestión chapucera de la crisis genera desconcierto. Ortega y Papadopoulos insisten en quedarse. Y así, a diez días de empezar la maratón, Herrera tiene una plantilla anoréxica y un saco lleno de desechos en el vestuario. Con el riesgo que supone. La maniobra del club vuelve a dejar al técnico con la posadera al viento. En un estado de nervios tal que le sobrarían las ganas de coger la puerta.