Vigo es bella


Ayer salí a cenar con siete periodistas británicos: Roger, Charlenne, John, Jane, Godfrey, Rebecca y Sara. Visitan Vigo dentro de un programa de promoción de la ciudad. En conjunto, representan a la BBC, la CNN, el Belfast Post, el Evening Standard y varias páginas especializadas en turismo. Y he de decir que los siete, sin excepción, estaban encantados.

Bien es cierto que en este tipo de saraos, llamados fam trip (viaje de familiarización), se agasaja a los invitados con todo tipo de atenciones. Por lo que no es difícil generar simpatías. Pero la verdad es que, después de recorrer la ría en barco, visitar San Simón, conocer el escenario de la batalla de Rande, pasearse por nuestros museos, andar por nuestras playas y gozar de las vistas desde nuestros miradores, los isleños se mostraban entusiasmados.

Un informe de la Cámara de Comercio reveló ayer que Vigo es el destino gallego donde más ha crecido el turismo en el último año. En abril, tuvo 25.672 visitantes, un 5,1% más que en el año anterior. Y se quedó muy cerca de Compostela, con 44.553 visitas, y A Coruña, con 32.559. Para ser justos, son datos que dejan en muy buen lugar la gestión del hoy opositor Santi Domínguez.

Por tanto, y aunque a muchos les sorprenda, Vigo es bella. Y tiene atractivos como para convencer a quienes nos visitan. Que, además, son en su mayor parte del resto del Estado. La noticia es siempre la oferta de destinos de Peinador y las escalas de cruceros. Pero la realidad es que quienes ocupan nuestros hoteles son nuestros propios paisanos.

Basta pasearse cualquier mañana por el Casco Vello para comprobar que los turistas que entran en las tiendas y que ocupan las terrazas hablan en su inmensa mayoría el castellano. No llegan en el Independence of the seas ni en el Queen Mary II, sino en autobuses que aparcan junto al parque-adefesio de O Berbés.

La ocupación hotelera ronda estos días el 50 por ciento en la ciudad. Y se acercará al 80 por ciento durante el mes de agosto. Ayer mismo, el centro estaba lleno de turistas, atraídos además por el potente cartel del festival «Vigo Transforma».

Así que uno entiende que Roger, Charlenne, John, Jane, Godfrey, Rebecca y Sara salgan hoy de nuestra ciudad encantados. Y que, a su regreso a las islas, cuenten que estuvieron en la ría más hermosa del mundo. Que degustaron el mejor pescado y marisco del planeta Tierra. Y que disfrutaron de una ciudad encantadora.

Y tal vez cuando leamos que describen estas cosas a sus lectores, muchos vigueses, por fin, crean que su ciudad merece la pena. Y que ponerla a pan pedir no es más que una ancestral y poco justificada tradición local.

eduardorolland@hotmail.com

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