Madre e hija comparten vocación y trabajo en la galería Ad Hoc
27 jun 2011 . Actualizado a las 12:24 h.La afición al arte contemporáneo llevó a Inés Ramiro a convertirse, desde Vigo, en la directora de una de las galerías más relevantes del país. Fue poco a poco, sin proponérselo. «Mi marido y yo íbamos frecuentemente a ver exposiciones, e íbamos asiduamente a Ad Hoc, que nos gustaba mucho», recuerda. Por entonces, cuando ella ni imaginaba el futuro, María Fálagan era la responsable de la sala que tuvo su primera sede en un piso en la calle García Barbón. «En un momento dado, ella buscaba socios, y al final nos animamos», cuenta.
Pasado un tiempo, María se fue a Madrid y en el año 2000 Inés se quedó con la galería y se convirtió en la directora de Ad Hoc. «Fue una decisión muy meditada, pero era un reto y un año más tarde llegó Isabel Claver; y en el 2004, mi hija Inés. Y aquí estamos, tratando de superar la crisis porque en aquel momento vivíamos el bum del arte. Si fuera ahora, no me la quedaría», confiesa.
La incorporación Inés, hija, se produjo también de forma inesperada. Actualmente, Ad Hoc se sustenta sobre el trabajo de tres mujeres, las dos Ineses e Isabel Claver, que es como de la familia. Inés, hija, llegó por casualidad. «Le dije si quería acompañarme a una feria en Sevilla, porque operaban al hijo de Isabel y no podía ir, y ahí fue cuando empezó a interesarse por este sector. Me dijo que cuando terminase de estudiar, que estaba en cuarto de carrera, le gustaría trabajar en la galería», cuenta la madre. Y no es que estuviese estudiando Historia del Arte, no. Hacía Biología Marina, de la que se desencantó por varias razones. Entre ellas, los problemas de oído que le impedirían hacer algo que le encantaba: submarinismo y fotografía submarina. Por eso, precisamente, su incorporación al arte no fue inmediata. Antes consiguió un puesto en la galería Alexander & Bonin, en Nueva York, y allí estuvo durante un año. Después continuó el periplo en la Max Hetzler de Berlín y luego se incorporó completando el equipo. «En realidad quería dejar la biología cuanto antes, pero mis padres, afortunadamente, no me dejaron, Terminé los estudios pero ya empecé a colaborar en la galería y a viajar con mi madre para aprender y ver cosas. Llevo toda la vida rodeada de arte, pero quería prepararme más», asegura. Apuntaba maneras. «En uno de esos primeros viajes me acompañó a Turín. Con el dinero que le pagué, en vez de gastárselo en ropa, se compró una obra gráfica de Murakami», resalta la madre.
Aunque acudir a las ferias internacionales es cada vez más prohibitivo, Ad Hoc ha seguido estando en las más importantes. El año pasado, en Art Chicago, Arco y Volta Nueva York. «Este año recortamos un poco, porque el momento es malo y no se puede», admiten. Estos viajes parecen la parte más atractiva de su trabajo, pero debido a la disminución de ventas y público, reconocen que hay largos momentos de sopor, «excepto en Arco que es demasiado estresante. Cuando termina cada feria viene el bajón o el subidón, pero la verdad es que disfrutamos. Siempre es interesante porque haces contactos y conoces a mucha gente». Inés Román tiene la vista puesta en Brasil. Su próximo objetivo es trabajar una temporada en São Paulo. En ello está. Mientras, Ad Hoc.