Mala gestión celeste en los primeros minutos

La Voz

VIGO

Todo el mundo sabía que el Granada iba a intentar salir en tromba los primeros minutos y achuchar para tratar de igualar la eliminatoria. Pero el Celta no supo gestionar ese arranque del partido. Ahí estuvo la clave principal del partido de ayer y que permitió al Granada contrarrestar el gol de Michu en Balaídos.

La forma de gestionar el inicio del encuentro y apaciguar al toro bravo rojiblanco era tratando de alargar dentro de lo posible las posesiones de balón y presionándoles lo más arriba posible para que no estuviesen cómodos a la hora de acercarse al área céltica.

Los celestes no consiguieron ni dar los muletazos ni clavar las banderillas, por lo que las embestidas rojiblancas se sucedieron. El equipo vigués no era capaz de dar más de dos pases seguidos y la presión, como ha ocurrido durante una gran parte de la temporada, se hacía en campo propio.

En la actitud ideal para evitar la salida lanzada de los granadinos seguramente no ayudó el sistema de tres centrales por el que volvió a apostar Paco Herrera.

¿Realmente se defiende mejor con cinco defensas que con cuatro? No necesariamente. Al acumular gente en torno al área propia se puede evitar que el rival encuentre remates cómodos, pero en cambio pierdes gente para presionar en el centro del campo, por lo que el equipo contrario tiene más fácilmente la posesión y es más probable que achuche.

Al darle al Granada la posibilidad de que cuelgue balones con frecuencia es fundamental no cometer errores como el de Catalá. Es incomprensible que un jugador bajito como Orellana le gane la partida al defensa céltico en un balón bombeado desde la banda. No se sabe qué habría pasado si jugase Túñez, pero a bote pronto a Herrera le salió mal dejar fuera al de Caracas dando entrada a Catalá.

Ante el arreón que presumiblemente iban a tener los andaluces al comenzar el segundo tiempo, Paco Herrera rectificó y metió a Álex López en lugar de un central: Ortega.

Con la entrada de Trashorras y De Lucas el Celta tuvo cada vez más posesión y ocasiones, pero los vigueses no fueron capaces de marcar en 120 minutos.