La escena me la encontré yo el jueves en el Xancarajazz, templo musical que preside Gonzalo Villar. Tocaba Con la Venia, divertida banda integrada por abogados y bodegueros. Entre el público, estaban gerentes de astilleros, grandes empresarios de la conserva y del naval, junto a importantes dirigentes empresariales, incluido el cuñado de un directivo del Real Madrid. Aquello, más que un concierto, parecía una asamblea de la CEOE.
Mientras degustaba un gintónic, disfrutaba yo tanto de la actuación como del público. Había allí gente que prácticamente vive en el Club de Campo o que no se toma una copa que no sea en el Monte Real Club de Yates de Bayona, con y.
Y he aquí que, de pronto, se arranca Con la Venia con un hermoso tema de Carlos Puebla: Hasta siempre, comandante. Se trata, como es sabido, de un sentido homenaje a Ernesto Che Guevara y a la revolución cubana.
La cosa fue recibida con encendidos aplausos, alguno incluso puesto en pie. Y, cuando llegó el estribillo, todos aquellos empresarios, directivos de selectos clubes sociales y reputados jerarcas de la patronal, comenzaron a cantar a voz en grito, con pasión indescriptible: «Aquí se queda la clara, la entrañable transparencia, de tu querida presencia, comandante Che Guevara».
Solo porque Vigo es Vigo puede uno no extrañarse de vivir en directo semejante situación. Eché de menos que mi buen amigo John Harkan, periodista de The New York Times, estuviese de visita en la ciudad. Porque, sin duda, se quedaría atónito ante tan magna ocasión. «Si estos son los empresarios, ¡cómo serán los obreros!», imagino que hubiese dicho.
Que nuestra ciudad es única en el mundo es algo indudable. Y hasta en su clase empresarial es Vigo distinta a todo cuanto exista sobre el planeta Tierra.
Había también, hay que decirlo, un dirigente sindical entre el público. Que cantaba como el que más. Pero sus voces se veían ahogadas por la pasión con la que los dirigentes empresariales recitaban las estrofas más encendidas: «Seguiremos adelante, como junto a ti seguimos, y con Fidel te decimos: ¡Hasta siempre, comandante!».
Mientras terminaba mi copa y asistía a tan edificante espectáculo, no podía dejar de pensar que Vigo es diferente. Ciudad enemiga de ser provinciana, no se parece a ninguna otra. Al punto de que nuestra clase empresarial se dedica a sus negocios, sin que la política les tiente lo más mínimo. Son discretos y distintos. Y, por lo visto, los jueves por la noche, se reúnen para cantar al Che Guevara a voz en grito.
No puede negarse que esta ciudad es única?
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