«Me fastidia ser carne de la prensa, pero necesito que esto explote porque quiero vivir tranquila», afirmaba ayer Conchi, que ya no sabe a quién recurrir para que se cumpla la legalidad en el entorno en el que viven. Ellos compraron el terreno y respetaron las leyes a la hora de edificar haciendo una casa que es un ejemplo de arquitectura sostenible. Pero vieron cómo a su alrededor fueron creciendo los aterramientos ilegales en suelo rústico sobre los que se edificaron grandes chalés en un área no urbanizable sin servicios como alcantarillado. Llevan diez años en su lucha y han tocado las puertas del Concello, la Xunta, la Agencia de Protección da Legalidade Urbanística, el Seprona y el Valedor do Pobo. Pero todo sigue igual: el paisaje, modificado artificialmente con toneladas de tierra. Por eso ayer reaccionaron y frenaron «un despropósito más».