«Está todo muerto, no viene nadie y se lo queda el banco»

La Voz

VIGO

Las subastas están en pleno bum, no han parado de crecer desde el 2009, cuando se apreciaron los primeros efectos de la crisis del ladrillo. Sin embargo, no acuden los postores. «El 80% de las subastas queda desierta», afirma el procurador y ex decano, Jesús González-Puelles, que es uno de los especialistas en esta materia civil. «Esto está absolutamente muerto, no viene nadie», afirma. Generalmente, el bien subastado se lo adjudica el hipotecante, el banco o financiera, o incluso la pujas queda desierta porque las cargas superan su valor de tasación.

González-Puelles ha observado que muchos bienes ofertados son segundas viviendas como chalés. «Cuando ya no puede más, el deudor deja de pagar el chalé e intenta salvar la casa donde vive habitualmente», afirma el especialista. También salta a la vista que muchos precios fueron inflados durante la burbuja inmobiliaria. «Se compró tan caro que hoy vale menos el bien que lo que se debe», explica.

Este añade que en una subasta, si un ofertante acepta pagar más del 70%, se lo queda. Si no llega a ese porcentaje, el juzgado da traslado al ejecutante para que mejore la postura ofrecida. Si los postores pujan por menos del 30%, el juez decide si aprueba la adjudicación o si la declara desierta, como ocurre la mayoría de las veces en Vigo. «Si no viene nadie, el ejecutante se puede llevar el bien por el total de su deuda o por el 50%. Lo habitual es esto último porque la deuda es mayor», señala.

En un ejemplo práctico explica lo que ocurre en Vigo: un piso que vale 200.000 euros se puede comprar por 140.000 pero como queda desierto, «se lo queda el banco» por 100.000 euros, la mitad. La ley permite que, en ese caso, el comprador lo revenda a un tercero para saldar la deuda.