El nivel futbolístico del Celta dista leguas del que mostraba hace meses
10 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Al Celta le ha golpeado el hombre del mazo, como se suele decir en términos ciclistas cuando un corredor sufre una pájara que le deja sin fuerzas. Lo del equipo que dirige Herrera es un auténtico pajarón.
La sensación que dejan los celestes en el terreno es que a pesar de que en los jugadores se aprecia voluntad y ganas (sabían que se le escapaba el ascenso directo), futbolísticamente se han quedado sin ideas ni recursos. El ejemplo más palpable es que después de que el Valladolid se pusiese por delante en el marcador, siguieron siendo los visitantes los que llevaron la iniciativa en el juego ante un conjunto vigués completamente entregado.
El equipo claramente no está fino, y no es cosa de un día. Los malos resultados no son fruto de la casualidad, ni de la mala suerte, ni de una confabulación arbitral. Es una simple cuestión de alarmante bajón en las prestaciones futbolísticas, y eso es lo más preocupante, ya no solo pensando en las nueve jornadas restantes, sino en un hipotético (y cada vez más cercano) play off. Urge recuperar sensaciones y para hacerlo el entrenador necesita buscar soluciones a la pájara.
De Lucas, el tuerto entre ciegos
El Celta tuvo un momento del partido en que pudo cambiar la dinámica. Fue cuando en una jugada aislada llego el gol del empate de Quique de Lucas. El catalán es un tuerto entre ciegos dentro de la plantilla celeste. Es un jugador que marca las diferencias y en una acción aislada es capaz de sacar petróleo.
Con su tanto logró darle alas al equipo vigués. Surgió la raza que al menos demuestra que los jugadores no bajan los brazos. Pero no fue suficiente,
La cuestión es que el Valladolid está en mejor momento, y normalmente el equipo que juega mejor tiene su premio, salvo que no aproveche sus ocasiones. Perdonaron la sentencia y a base de ramalazos los celestes pudieron salvar algún punto. Pero sería engañarse, como en el empate de Sevilla.
Premio al actor principal
Como anécdota, el partido de ayer fue el ejemplo perfecto de lo complicado que se está poniendo dirigir un partido de fútbol. El motivo es que los jugadores cada vez se parecen más a actores que a futbolistas.
Cada vez se ven más jugadores que cuando hay un roce con un rival, se van al suelo y empiezan a revolverse como si les hubieran matado. Importa más conseguir engañar al árbitro, que buscar la portería rival jugando al fútbol. Lo hacen los nuestros y los suyos, todos.
Da gusto ver repetidos partidos de los ochenta, cuando incluso en las entradas más bestias, el que la sufría se levantaba inmediatamente para intentar ayudar a su equipo. Si un futbolista no ayuda al árbitro, después no tiene derecho a quejarse.