Tener calle en Vigo

VIGO

25 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Un grupo de entusiastas me piden que firme a favor de que se conceda una calle al médico vigués Eduardo Martínez Alonso, un héroe que durante la II Guerra Mundial logró evacuar hacia América a numerosos judíos perseguidos por Hitler. Así que, como la causa es buena, en lugar de firmar procedo inmediatamente a disuadir a los promotores de la idea: ¡Una calle en Vigo! ¿Es posible tanta temeridad?

En Vigo, que te pongan calle es poco menos que una maldición bíblica. Y no pocas gentes de bien dejan escrito en sus testamentos que, bajo ningún concepto, quieren ver su nombre en una placa municipal, de ninguna índole.

Para empezar, es fácil que añadan a tu nombre una falta de ortografía. Así ocurre con Urzaiz, rotulada como Urzáiz, sin que tal apellido necesite ninguna tilde para ser agudo. También Jenaro de la Fuente aparece en algunas placas como Genaro de la Fuente. Y los vecinos de su calle terminan por llamarla «Jenaro» a secas, como si el insigne arquitecto fuese de la familia.

El Concello, además, emplea los nombres de las calles para confundir al populacho. Como lo demuestra el hecho de que el teatro García Barbón esté en la calle Policarpo Sanz. En las ciudades normales, teatro y avenida compartirían nombre.

El carácter propio de los vigueses tampoco ayuda a prestigiar las calles. Y es común oír a la gente maldecirlas: «¡Montero Ríos da asco!», brama un señor. «¡Solución para Eduardo Chao!», reza una pancarta. «¡Enrique Lorenzo es una porquería!», proclama una señora indignada. Con lo que el nombre, más que a la posteridad, pasa al insulto ciudadano.

Con este panorama, no es de extrañar que barrios enteros lleven nombres de flores, como Caravel, Xeranio, Rosa o Crisantemo. Y otros muchos, de pájaros: Xílgaro, Corvo Mariño, Estorniño o Gaivota. Se conoce que las flores no pueden protestar y que los pobres pájaros no dicen ni pío. Pero el colmo lo tenemos junto al Marco. En 2002, tricentenario de la batalla de Rande, se quiso corresponder a Londres, que tiene cerca de Picadilly una modesta calle llamada Vigo Street. Hay que decir que no es una gran avenida, aunque lleva trescientos años honrando a nuestra ciudad. Pero los vigueses, cuando media su ilustre Concello, nos superamos. Así se creó la calle Londres, un estrecho callejón que rodea el Marco. Y lo más asombroso del nuevo vial es que no tiene ni un solo número, porque carece de portales, salvo el que utilizan en el museo para sacar la basura. ¡Así correspondió Vigo a los honores ingleses!

Por razones como estas, resulta poco apropiado tener en Vigo una calle. Habiendo por usar aún miles de nombres de invertebrados, microbios e insectos, ¿a qué mancillar el de las personas de bien?

eduardorolland@hotmail.com