Pablo Álvarez se había planteado el partido de Cornellá como el de su despegue. Era su segundo encuentro como titular en Liga, y el otro quedaba muy lejano (28 de noviembre, en Santander). «Para mí era una oportunidad muy buena. Había peleado mucho por tenerla. Estaba seguro de que lo iba a hacer bien y de que iba a aprovecharla. No ha sido así, y me fastidia mucho por el equipo y por mis compañeros», lamenta el asturiano de origen gallego, protagonista negativo del choque, pues fue expulsado al filo del descanso por doble amarilla.
Por la noche, ya en su casa, le dio vueltas a las jugadas una y otra vez. «Me ha costado un poco, pero al final he podido dormir. Ha sido una pena. Estoy muy fastidiado porque dejé al equipo con diez en un partido importante, en el que nos estábamos jugando mucho». Su expulsión fue, a su entender, la clave del partido: «Está claro que todo cambió. Estábamos bien plantados. No estábamos atacando, pero estábamos defendiendo bien y el Espanyol no nos hacía ocasiones».
El extremo vio la primera amarilla por derribar a Callejón y la segunda por hacer lo propio con Márquez. Lotina calificó esas entradas de «faltitas» y clamó por la expulsión de Álvarez, a su juicio la acción decisiva del partido. La víctima prefiere no entrar al detalle. «No quiero analizar las tarjetas, decir si son justas o no. Solo quiero decir que es responsabilidad mía porque no puedo dar opción al árbitro para que me pueda expulsar. Sabíamos cómo estaba arbitrando». Pero no lo culpa. «Asumo mi responsabilidad. Lo malo es que ya no puedo hacer nada por solucionarlo».
«Estaba muy concentrado en el partido, estaba intentando ser intenso, ser agresivo, y dos faltas en acciones que no llevaban peligro y que son evitables me costaron la expulsión», analiza con tono triste. En su descargo solo dice que su intención no era golpear a los jugadores, sino la pelota: «Intenté darle al balón en las dos jugadas».
Aunque Pablo Álvarez es de los jugadores más intensos y que más faltas cometen del Dépor, se da la circunstancia de que esta temporada todavía no había sido amonestado: «Me sabe aún peor porque no me habían sacado ninguna tarjeta en toda la Liga [ha jugado 376 minutos repartidos en 14 partidos]. Pero el fútbol es así, y no hay nada más que hacer, salvo pensar en los próximos partidos».
«Todos los que quedan son decisivos, pero sabemos que estos dos que vienen [Levante y Mallorca en Riazor] nos pueden dar una tranquilidad muy importante. El equipo está unido y lo vamos a demostrar».