El «citius» (más rápido) de la locución latina de los Juegos Olímpicos no casa con la limitación de la velocidad a 110. No se salvan ni los Audi A 4, aunque tengan como distintivo cuatro anillos (uno menos que los aros de las olimpiadas). José Manuel Rodríguez Iglesias (58 años) es propietario de un de esos vehículos y se mostró ayer crítico, aunque respondió con cierta ironía que «tendré que comprar un prado, porque ahora me sobrarán caballos», aludiendo a la potencia del coche. Regenta el restaurante Laxeiro (Ecuador, 80).
-¿Qué opina de la nueva norma?
-Muy mal. Nos lo venden como un importante ahorro energético, pero es ridículo. Da la sensación de ser una improvisación más, como si no tuviesen otra cosa que hacer. Una ocurrencia para no hablar de lo que importa como es el paro. La velocidad de 110 en autopistas y autovías solo tiene sentido si es para multarnos.
-¿Viaja mucho?
-No. El viaje más largo es a Toledo, por tratarse de la tierra de mi esposa. Ahora tendré que salir una hora antes o resignarme a llegar más tarde, para evitar los 100 euros de multa.