Los vigueses pretenden recuperar el liderato en el fortín de Alcorcón
06 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Revancha por un lado. Órdago por otro. El Celta tiene la oportunidad de resarcirse esta mañana de la derrota del jueves ante el Huesca y de recuperar el liderato que en la tarde de ayer le arrebató el Rayo, pero visita una de los feudos más complicados de la Liga. El impenetrable Santo Domingo en donde el recién ascendido Alcorcón se ha hecho tan fuerte que ha sido capaz de sumar 31 puntos, cuatro más que el cuadro vigués como local.
El Alcorcón de Anquela es un equipo que juega de memoria desde sus tiempos de Segunda B. Presiona en campo contrario, asfixia y roba para montar contras vertiginosas. En esa trampa han caído equipos como Rayo y Valladolid, y el propio Celta en la Copa, aunque en un partido un tanto extraño y en la prórroga. Rubén Sanz, su constructor de juego, y Nagore, el lateral derecho, son sus bajas.
Pero el equipo de Herrera no ha perdido dos partidos consecutivos en todo lo que va de Liga, y no parece el mejor momento para que esto suceda. El traspiés con el Huesca, la nueva bestia negra de los celestes, parece superado y la única secuela que queda es la del cansancio físico.
Porque el Celta es el equipo que menos tiempo de recuperación ha tenido de toda la categoría, apenas 48 horas. Por eso las rotaciones más que una posibilidad se convierten en necesidad. Está confirmada la vuelta de López Garai para dar consistencia al centro del campo y la irrupción desde el principio de Murillo como lateral derecho. El puzle de las posibilidades en ataque es un territorio por confirmar. A Herrera le preocupa el rendimiento de aquellos que han jugado los dos partidos de esta semana maratoniana, y en base a ese discurso la titularidad de Trashorras, Michu y De Lucas puede peligrar. Pensar en la presencia de Iago Aspas y Dani Abalo como escoltas de David Rodríguez no parece descabellado, aunque los centímetros del ovetense para ganar algún balón aéreo también es una buena opción.
El Celta viajó con la premisa de no renunciar a su entidad, pero intentar salir con el balón controlado desde su propio campo significará afinar al máximo. Si los jugadores vigueses son capaces de romper la presión del rival encontrarán espacios a la espalda, pero cualquier pérdida pudiera causar daños irreparables.
El partido contará con el aliciente de la afición. Al final 800 celtistas se subieron la pasada media noche a un autobús para estar al lado del equipo en uno de los partidos marcados en rojo intenso en el calendario del ascenso.