Riki y Diego López, inseparables en el Castilla, jugarán un choque vital para el Dépor y el Villarreal
11 feb 2011 . Actualizado a las 10:41 h.El Dépor y el Villarreal disputarán pasado mañana un partido a muerte con dos amigos frente a frente. Riki (Aranjuez, 1980) y Diego López (Paradela, 1981) se formaron juntos en la cantera del Madrid, donde forjaron una relación que perdura. Llegaron a la vez al Madrid C, con el que jugaron en Tercera, y ascendieron al Castilla, donde disputaron una fase de ascenso. «Es un tío genial, nos llevábamos superbien y él ha crecido mucho, es un jugador importante en el Dépor y en la Liga. Lo único que habría que pedir es que lo respeten un poco las lesiones», señala el portero sobre el delantero, una de las novedades en el once coruñés del domingo, que afirma a su vez acerca de su amigo: «Es un buen chico y me alegro mucho por lo bien que le está yendo. En Villarreal está dando una guerra importante. Además, siempre que nos vemos hacemos buenas migas».
Para el deportivista, su relación con el portero gallego del Villarreal se forjó a partir de las largas horas de entrenamiento juntos -«Diego siempre se quedaba una hora y pico en el gimnasio después de cada entrenamiento», revela- y muchos piques habituales en los entrenamientos entre atacante y guardameta. «Me costaba mucho meterle gol, porque es muy grande y muy ágil. Pero, además, es que se calentaba mucho, porque se lo curra y el hecho de que lo vacilen... Me acuerdo durante el último año mío en el Castilla que apenas jugó durante la temporada, pero nos metimos en el play off e hizo una fase de ascenso tremenda. Jugamos contra el Nàstic, el Ourense y el Lanzarote, y en esos partidos estuvo genial. ¡Lo importante que es terminar bien la temporada! A él le vino muy bien», recuerda.
A Diego López, matiza entre risas el propio futbolista del Villarreal, no le marcaba ni un penalti. «Pero porque los tiraba fuera -bromea-. Yo venía de Lugo y él vivía en Aranjuez, pero quedábamos después del entrenamiento para cenar o para tomar algo y casi siempre pagaba él... ¡Por algo será!», afirma. «Siempre lo admiré por lo espontáneo que es, un tío sanote, madrileño, pero no en el sentido de chulo, sino al revés, es de los que te dicen lo que piensa y no tiene doblez», añade el gallego, que basa buena parte de su éxito actual (fue internacional hasta poco antes del pasado Mundial) en aquella etapa que compartió con Riki. «Es muy difícil volver a la selección, él ya ha ido y está consolidado como uno de los mejores porteros de la Liga», apunta.
Ambos aseguran que de aquellas burlas como compañeros no han pasado ahora a retarse amistosamente antes de los partidos en que se enfrentan, pero sí que siguen al detalle sus respectivas estadísticas. «A ver si le puedo meter un gol como el de hace dos temporadas. Además, pude participar en los otros dos [los blanquiazules endosaron a su rival un claro 3-0 en Riazor] y ojalá que este año pueda repetir un partido así», apunta el delantero del Dépor. «Solo me ha marcado uno, con la izquierda, -apunta el portero-, porque el otro que marcó al Villarreal fue cuando estaba en el Getafe y yo aún no había llegado aquí».
Riki cumple su quinta temporada en A Coruña y hace cuatro que Diego López dejó Madrid para irse a Villarreal, pero ambos se esfuerzan por mantenerse en contacto. «Es de esas amistades que merecen la pena. Además, estuvo en mi boda», advierte el deportivista. «Ahora hablamos menos, porque yo soy de los que están todo el día con el teléfono, pero él sabe que yo estoy aquí para lo que quiera y yo sé que él está ahí», indica el guardameta gallego.