Castigados sin tabaco

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

VIGO

Los estancos quedan vacíos y se producen altercados

02 feb 2011 . Actualizado a las 13:46 h.

Un policía municipal con la cabeza abierta y tres personas detenidas fue el balance de una de las numerosas refriegas vividas en Vigo desde finales de 1919 hasta febrero de 1920 a consecuencia del desabastecimiento de tabaco. Y no fue donde llegó más sangre al río. En Ferrol, un abstinente fumador mató a su habitual estanquero y en un pueblo de Valencia fueron agredidos dos concejales. Los asaltos a los estancos eran el pan de cada día.

Todo había comenzado con una huelga de cigarreras, que llevó a la Compañía Arrendataria de Tabacos a cerrar una de las principales fábricas de España. Para presionar a la empresa monopolizadora del tabaco, las huelguistas amenazaron con trasladar el paro a todas las fábricas de España. Todo ello, provocó un largo período de desabastecimiento que el Gobierno trató de compensar con un Real Decreto que permitía la extensión del cultivo del tabaco.

Mientras que a principios de febrero de 1920 la situación comienza a mejorar en toda España con la puesta a la venta de casi un millón de kilogramos de tabaco, en Vigo las quejas se prolongan durante todo ese mes. Son muchos los que quieren aprovecharse de la situación y revenden tabaco oficial a precios escandalosos. Por ejemplo, la cajetilla que se vende en los estancos a 0,50 pesetas, los revendedores la cobran a tres pesetas.

«No queremos suponer que haya complicidad con los funcionarios de la Tabacalera, pero lo cierto es que el tabaco que se está revendiendo no es el que se conoce como tabaco de contrabando sino que son las mismas cajetillas que vende la Arrendataria», se quejaba un periodista vigués ante la situación. El tema se debatía en el Congreso, donde el ministro de Hacienda, el ponteareano conde de Bugallal, defendía la idea conspirativa de que las colas en los estancos las formaban las mafias que pretendía acaparar el tabaco para luego revenderlo.

Pitillos por votos

La ansiedad que provoca la falta de tabaco fue aprovechada incluso de una forma política. El 8 de febrero se celebraron las elecciones municipales y, según denunció el periódico madrileño El Sol, «agentes urzaístas regalan tabaco a los electores a las puertas de los colegios». Quizá por ello, la candidatura liberal urzaísta logró la victoria en aquellas elecciones, en las que los socialistas y los agraristas fueron los grandes derrotados, quizá porque ellos no repartían tabaco a sus posibles electores.

La corporación quedó conformada por los liberales Manuel Pérez Conde, Manuel Pazó Villar, Ceferino Maestú Novos, Abel Collado, Domingo Lago Carrera, Manuel Goberna y Goberna, Francisco Gómez González, Modesto Bobillo, Maximiliano Arbones Castellanzuelo, Avelino Rodríguez Elías, Abdón Trillo Couce, Urbano Troncoso Domínguez y Bautista López Valeiras; y los mauristas Francisco Berenguer Compañy y Mauro Alonso Cuenca.

De aquella corporación quedaron fueran ilustres socialistas vigueses, como Enrique Heraclio Botana o Emilio Martínez Garrido, que en 1936 sería fusilado por haber sido elegido alcalde de la ciudad meses antes. La corporación fue presidida por Ceferino Maestú Novoa, que también fue fusilado en el verano de 1936, pero muy lejos de su ciudad natal, ya que se había visto obligado a abandonar Vigo, recalando en Andalucía. En Huelva, durante la República, fue gobernador civil, cargo que provocó su muerte a manos de los militares sublevados.