La cárcel registró una espectacular huida de cinco presos
19 ene 2011 . Actualizado a las 11:38 h.Se llamaba Plácido Martínez y se le puede considerar el primer preso fugado de la cárcel de Vigo, ese mismo edificio que hoy alberga el Museo de Arte Contemporáneo. Además fue reincidente. Su primera evasión de la prisión de la calle del Príncipe se produjo en septiembre de 1890. Cumplía condena por protagonizar varios robos en las iglesias parroquias de San Miguel de Oia y de Coruxo.
No fue demasiado lejos, pero volvió a intentarlo en enero de 1891. En esa ocasión, acompañado de otros cuatro prisioneros. Según recogía en El Heraldo de Madrid del 15 de enero, la fuga se había producido tres días antes, tras practicar «un agujero en la pared que da al camino de Rande». Sus compañeros de fuga fueron Pedro Collazo, también especialista en el asalto a iglesias rurales; José Barrabía, desertor de la Armada y estafador; Francisco do Campo Milicas, acusado de robar en el Café Colón; y Lorenzo Barcia, acusado de robar al ex alcalde López de Neira.
Los cinco prófugos se dirigieron hacia San Miguel de Oia donde por la noche asaltaron la casa del cura. Después de amenazar a la criada y de «cenar opíparamente», los ladrones se dispersaron con un singular botín compuesto por pendientes de oro, seis pañuelos de seda, seis mantones, un revólver, una escopeta, una capa, un reloj de plata, varias prendas femeninas y «treinta y tantos duros».
El capitán Blázquez, de la Guardia Civil, organizó la búsqueda tras recibir el aviso del cura de Oia y, a las cuatro y media de la mañana, localiza a Milicas, envuelto en la capa robada, en la carretera de Vincios. A la mañana siguiente, localizan a Lorenzo Barcia, quien salía de una taberna de la zona. Ambos fueron devueltos a la cárcel, donde ocuparon las celdas 22 y 26, respectivamente. Numeroso gentío siguió a los capturados desde la carretera de Baiona hasta la calle del Príncipe.
Los otros tres evadidos se dirigieron hacia Pontevedra. Iban andando por la carretera, a la altura de Figueirido, cuando se encontraron con una pareja de la Guardia Civil. Salieron apresuradamente de la carretera, sin poder evitar que los guardias sospechasen por su repentina desaparición. Los fugados se refugiaron en una casa, mientras que la pareja recibía refuerzos. Uno de los prisioneros atacó, revólver en mano, a los guardias pero fue desarmado, al igual que el resto de la partida. Todos fueron devueltos a la cárcel de Vigo.
Desde 1880
El 16 de mayo de 1861, una Real Orden aprobaba la construcción de la cárcel de Vigo, que se ubicaría alejada del núcleo urbano, cerca del ramal de la carretera de Castilla que descendía hacia el Areal. El Gobierno concedía una subvención de 160.000 reales, mientras que los ayuntamientos del partido judicial deberían afrontar 80.000 reales. El proyecto arquitectónico se redactó ese mismo año. La cárcel comenzó a funcionar en 1880, pero ya no solo era una cárcel, se había convertido en el palacio de justicia donde estuvieron los juzgados vigueses hasta finales del siglo XX cuando se abrieron los juzgados de Coia.