El Celta cierra el año a un punto de la segunda plaza gracias a realizar un gran primer tramo de Liga y consolidar su bloque
19 dic 2010 . Actualizado a las 02:00 h.La única mala noticia de esta Liga para el Celta es que no esté en puestos de ascenso directo. La tercera plaza, la que más ha repetido en este campeonato, sigue sin poder abandonarla a pesar de su triunfo ante el Salamanca que le ha llevado a sumar 33 puntos. Con esta misma puntuación, la temporada pasada sería segundo, y le sacaría cuatro puntos al tercero, pero en esta campaña Betis y Rayo también están en números de récord.
El regreso al once tipo
Después de un experimento fallido, Paco Herrera retomó su alineación clásica. El toque de atención debía ser suficiente para que sus jugadores con más capacidad ofensiva recuperasen la motivación. David Rodríguez y De Lucas le dan un aire al conjunto vigués en ataque imposible de encontrar sin ellos en el campo de inicio. Además de eso, el Celta se convierte en un conjunto dominador capaz de intimidar a cualquier adversario mientras la gasolina les dure. Este bloque se ha consolidado, y parece que solo cuestiones puntuales pueden retocarlo.
Las ocasiones falladas
Este es el mayor problema celeste. Con tanta posesión, y generando oportunidades de gol, no se entiende que no lo refrenden con un marcador claro a favor. Ayer volvió a tenerlas pero a sus jugadores de arriba les cuesta definir. Las más claras las tuvo David que tras un comienzo espectacular de Liga, se ha estancado. En los últimos dos meses y medio solo ha marcado un gol.
Los papeles intercambiados
Lo bueno de David Rodríguez es que a falta de sus goles también es un gran asistente. Ayer dio su quinta asistencia de la temporada, solo lleva una menos que Trashorras, que hizo su cuarto tanto en este campeonato. El pasador y el goleador intercambiaron sus faenas en un día aciago en la definición del delantero.
La expulsión de Murillo
Si al Celta se le suele hacer de noche en las segundas partes, ayer además de caer la luz le salieron unos negros nubarrones. Con la segunda amarilla para Murillo, en inferioridad numérica, el entrenador céltico entendió que su equipo no aguantaría el cuerpo a cuerpo y varió la idea. Sacrificó a Trashorras para jugar con descaro a la contra, sin ningún futbolista para darle una pausa. En esta parte el Celta demostró oficio. Supo manejar los tiempos como no había hecho en Valladolid, y tomar nota de otra forma de ganar cuando se pone por delante.