La extrema dureza de las rocas obligará a utilizar explosivos para realizar voladuras controladas bajo edificios de Vigo en la entrada del túnel del AVE a la ciudad. Así lo aseguró ayer Ángel Navarro, uno de los responsables de FCC, empresa adjudicataria de las obras, durante las jornadas El presente y el futuro del ferrocarril en Galicia organizadas por el Colegio de Ingenieros en el Club Financiero.
«Habrá voladuras en la zona urbana, con las dificultades que eso entraña», señaló, al tiempo que explicaba que para llevar a cabo estos trabajos con la máxima garantía se realizarán pormenorizadas auscultaciones del terreno en superficie.
Inicialmente la entrada a Vigo iba a realizarse con un túnel de 5,9 kilómetros de largo, pero luego se decidió soterrar todo el recorrido hasta la estación de Urzaiz. El nuevo proyecto que se está ejecutando tiene 8.271 metros de longitud, lo que ha obligado a un trabajo más árduo de las tuneladoras.
Una de estas máquinas, la denominada A Miñoca, está parada porque ha cumplido su primer contrato a los 5,6 kilómetros de excavación. En la obra trabajan unas 700 personas. La perforación del doble escudo parado se retomará dentro de una semana o dos, según fuentes de la constructora. Para arrancar de nuevo la tuneladora, hace falta un contrato público supervisado por el Consejo de Estado, que modifica las condiciones del contrato anterior, y que tiene que ser firmado aún.
A Miñoca está a 250 metros bajo tierra a la altura del puente de Sampaio. La otra tuneladora, A Lebre, se encuentra 600 metros por detrás e igualará a A Miñoca a finales de febrero.
La orografía está resultando complicada para los ingenieros. Desde el Val das Maceiras en Redondela hasta las cercanías de Vigo, el túnel presenta una ligera rampa ascendente y al llegar a la zona urbana el orificio se torna en un ligero tobogán descendente para poder entrar en la estación de Urzaiz a unos 15 metros por debajo de la rasante actual de las vías.