Los ayuntamientos

VIGO

20 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La secretaria xeral de Turismo, Carmen Pardo, proclamó ayer que, si Galicia se queda sin vuelos de bajo coste, la culpa es de los ayuntamientos. En su opinión, Santiago, A Coruña y Vigo «rompieron la baraja de la negociación» y «pusieron trabas para ocultar su pésima gestión». Confiemos en que tan encendidas declaraciones no sean escuchadas por turoperadores, agencias de viajes o turistas en general. ¿Quién querría, si no, viajar a un sitio donde operan tan malignas instituciones?

Si un señor de Madrid se propone pasar en Galicia el próximo puente, no faltará el amigo que le advierta: «¡Ten mucho cuidado! Fíjate que allí? ¡Hay ayuntamientos!» Si la lluvia ya nos hace flaca publicidad, sólo falta que venga la secretaria xeral de Turismo a asustar al personal de esta forma. Porque, tanta inquina le está cogiendo la Xunta a sus propios municipios, en este y en otros temas, que no nos salva ni la gastronomía. «Se comerá muy bien, Mariano», dirá la señora de Burgos a su marido, «pero no vamos; yo a mis hijos no los llevo a un sitio que tiene ayuntamientos».

Ningún gobierno de la Xunta, fuese bi, tri o monopartito, se ha llevado tan mal con los municipios en 30 años de Autonomía. La depuración de aguas, el trazado de las carreteras, los vuelos de bajo coste, la atención sanitaria, la educación o cualquier otro ámbito de la vida pública se convierte durante este mandato en un motivo de fricción entre San Caetano y los alcaldes. Al punto de llegar a que la secretaria xeral de Turismo los señale como la quintaesencia de la maldad.

No se entiende, sin embargo, qué culpa puedan tener los ayuntamientos en la gestión aeroportuaria. Hasta ahora, eran de los municipios competencias más pedestres, como arreglar las aceras, que haya luz en las farolas y que salga agua de los grifos. Según la argumentación de Pardo, también son responsables del espacio aéreo.

A un ayuntamiento puede pedírsele que gestione el transporte urbano. Que haya un servicio de autobuses, que las calles estén asfaltadas y los pasos de cebra bien pintados. También puede exigírsele que haya guardias y que funcionen los semáforos. Y el objeto de todo esto es que sus ciudadanos puedan desplazarse hasta el aeropuerto mismo. Pero lo que ocurra dentro del edificio, los vuelos que se oferten, los horarios de los aviones y las compañías que operen no parece de la responsabilidad de concejal alguno. Por mucho que los tres municipios gallegos tengan derecho a oponerse a la política vigente de subvenciones. La cual, por cierto, y de una forma muy evidente, beneficia a la terminal de Lavacolla, con cinco vuelos subvencionados frente a uno en Alvedro y otro Peinador.

En cualquier caso, si el Gobierno gallego se ve incapaz de salir del jardín en que se ha metido, y considera que la culpa de la política aérea es de los ayuntamientos, podría ser el momento de intercambiar competencias. Que Vigo, Santiago y A Coruña pasen a gestionar los aeropuertos. Y que los cargos de la Xunta se encarguen del barrido de nuestras calles. Por delegación o personalmente.