La entrada a Vigo por la Autopista del Atlántico se anuncia con el siguiente cartel: «Vigo, Teis, Chapela». Como los tres topónimos aparecen con el mismo cuerpo de letra, podemos pensar que los tres destinos sean similares en población. Y que uno pueda dirigirse a Teis sin necesidad de ir a Vigo. No sabemos quién se encarga, desde la dirección de DGT en A Coruña, de redactar estos rótulos. Pero lo lógico sería que señalasen «Vigo» en letras grandes y, en otras más pequeñas, «Teis, Puerto, Zona Franca y Centro Ciudad». Estas son las salidas naturales, y probablemente, más demandadas, del itinerario de la autopista a su entrada en el casco urbano. Pero cuando las decisiones se toman desde lejos, y mal documentadas, suceden estas cosas.
También parece absurdo que, si te desplazas desde Madrid hacia Vigo, no te encuentres una sola señal que te guíe en tu camino casi hasta llegar a los altos de A Cañiza. Sucesivas señales anuncian «A Coruña», «Benavente», «Ourense» e incluso «Pontevedra» -a donde no se dirige la Autovía de las Rías Baixas-, sin que aparezca el topónimo vigués por ninguna parte. Por lo visto, en la DGT rotulan según la Ley de Provincias actualmente vigente, aprobada en 1833 bajo la regencia de María Cristina. Que tal división administrativa tenga 177 años no parece afectar ni a cuestiones de tráfico ni a muchas otras. Si Vigo no es capital de provincia, considérese menor, pese a que el criterio vaya para dos siglos y fuese promulgado cuando no existía ni el tren, ni la bombilla, ni la radio, ni el televisor, ni el teléfono, ni mucho menos el automóvil o las autovías. Así nos luce el pelo en esta ciudad. Y es esto lo que los sufridos vigueses tenemos que aguantar.
Pero si los rótulos resultan sorprendentes, no lo es menos el propio acceso a Vigo por autopista. Un ramal urbano, que discurre entre las traseras de las viviendas, sigue bajo la jurisdicción de la concesionaria de la autopista. Al punto de que cobra peaje por ir hasta Chapela. Y las incontables quejas a Fomento han sido siempre desoídas, cuando liberar ese tramo permitiría, por ejemplo, eliminar el tráfico de camiones que aun hoy circula por el centro de Teis.
Mención especial merece, también, el acceso a Vigo por la autovía de las Rías Baixas. Todo el tráfico que viene desde Ourense y Madrid se ve obligado de repente, antes de entrar en Porriño, a pasar por un solo carril, que inmediatamente se convierte en un ramal de incorporación a la autovía que conecta con Tui y Portugal. En este embudo se forman todas las tardes formidables atascos, cuando no dramáticos accidentes. ¿Puede una ciudad de 299.000 habitantes censados tener un acceso por autopista limitado a un solo carril? La pregunta se contesta por sí misma. Pero pasan los años y la chapuza nunca tiene arreglo.
Yo no sé si ahora vivimos «en una ciudad hermosa», como proclama la Alcaldía en su campaña de autobombo. Lo que sí sé es que queda mucho, muchísimo, por hacer. Y que hay miles de soluciones sencillas, ante problemas que claman al cielo, que no se acometen jamás. Si quieren ideas, aquí se ha servido un modesto surtido de ejemplos.