Solveira interpreta a Solveira

B.R. Sotelino VIGO/LA VOZ.

VIGO

El actor Ricardo Solveira tiene 44 años. Su padre, el pintor Pedro Solveira, 77. El 23 de noviembre el artista cumple 78. Ese día, cuando se rompe la cifra capicúa entre ambos, el hijo «encarna» al padre

15 nov 2010 . Actualizado a las 12:51 h.

La obra de Pedro Solveira es música. Nace de los clásicos, pero reproduce el silencio ensordecedor que provoca necesariamente el proceso creativo. Siempre hay música mientras está trabajando, y trabaja mucho. Es difícil que las musas le pillen durmiendo. Se levanta antes del alba y le pueden dar las dos de la madrugada dándole vueltas a sus piezas.

El uso de diferentes materiales han marcado mucho las diferentes etapas por las que ha pasado. En algunos casos, no por razones estéticas, sino médicas, como cuando tuvo que abandonar la técnica de oxidación del hierro, uno de sus materiales favoritos, y pasarse a a la benéfica madera. «Escupía sangre», recuerda.

Las obras de Solveira han viajado por todo el mundo, pero es en Vigo donde va a tener lugar la acción más inusual de cuantas ha vivido en salas de exposiciones, centros de arte y museos internacionales, ya que será en el marco de su actual muestra retrospectiva, en la Casa das Artes, donde vivirá una experiencia que se prevé emocionante. Solveira nació un 23 de noviembre de 1932 en el barrio de Teis. Dentro de nueve días está de cumpleaños y le espera un aniversario, cuando menos, diferente. Su propio hijo, el actor Ricardo Solveira, será el encargado de escenificar en una pequeña pieza una parte de la vida de su padre: Solveira plays Solveira . A las 8 de la tarde, la sala de exposiciones mudará en escenario. Ricardo va a hacer un papel que conoce bien: encarnará a su padre, mientras que las hijas del intérprete serán él cuando era niño y veía a su progenitor trabajar en el taller. Ricardo no siguió sus pasos. Reconoce que dibuja fatal. «Sin embargo, él es muy buen actor, le echa mucho cuento», ríen. O que pasou e o que está por vir es el título de la retrospectiva que alberga en Vigo una impresionante panorámica de la trayectoria de Pedro. Solveira está disgustado porque asegura que una de las cosas que más me gusta es que se acerquen los colegios y no hay apoyos para que esto suceda. Le importa más eso que el hecho de que le reconozcan como autor. «No me preocupa. Tengo que reconocer que he hecho muy pocas exposiciones aquí. A mí en Galicia se me conoce muy poco. En Vigo sí, porque tengo cuatro amigos que hablan de mí. Da igual. En el mundo de la cultura hay muchos haciendo el payaso para darse a conocer y yo no soy de esos. Yo quiero estar en mi estudio, escuchar música y leer poesía. Antes el artista era un hombre culto, ahora, no», sentencia. «Pero seguimos dándole al pedal. La cuestión es no parar. El día que no tenga ideas, cuelgo los pinceles», asegura. Su hijo le escucha, atento. Es profesor de Expresión Corporal en la Escola Superior de Arte Dramática de Galicia, desde que abrió precariamente en Bouzas en el 95. El actor trabajaba en el Teatro Español de Madrid, daba clases en institutos y academias y colaboraba en la jefatura de estudios de la Resad, donde hizo la carrera. Enfocó su trabajo hacia la docencia. «Caminos de la vida», explica. «Pero cuando te formas como actor, lo que quieres es actuar, e intento hacerlo al menos una vez al año», admite.

El 23 de noviembre es el momento. Es una función única. Solveira plays Solveira .