Alumnos y profesores del instituto Monte Carrasco recuperaran la memoria de la actividad industrial ya casi perdida con una exposición en la Capela do Hospital
04 nov 2010 . Actualizado a las 17:11 h.Empezó como un proyecto educativo de los chavales de primero y segundo de Secundaria con el nombre de «Coa conserva na lingua» y se convirtió en un documental de más de media hora sobre la historia, las tradiciones, el léxico y hasta canciones vinculadas a la actividad conservera en Cangas, que en el momento de mayor auge, a mediados del siglo pasado, llegó a contar con 31 fábricas de salazón y conservas, entre ellas, la mayor de Europa, Massó Hermanos.
Ayer tuvo lugar la inauguración en la Capela do Hospital. El acto lo abrieron Carmen Fernández Mariño y su hermana Luisa, que trabajaron en Massó durante décadas, cantando una de las coplas asociadas a la actividad: «Cando pasa Manuel/ e nos encontra charlando/ ponse moi colorado/ leva unha hora chillando».
Las hermanas son, junto con los niños y otras trabajadoras de la conserva, las protagonistas de la cinta. Hablan de lo que fue Massó y cantan varias de las coplas, habitualmente irónicas, que recuerdan de aquellos tiempos. Una de ellas se refiere al comedor: «Si antes vivías ben/ agora vives mellor/ comendo un prato de rancho/ no comedor de Massó».
Mari Carmen Soliño, madre de uno de los alumnos, explica en el documental cómo empezó a funcionar la escuela de Massó, en el ático del Hotel construido para alojar a las visitas, hoy en estado semirruinoso, aunque ocupado por jóvenes que hicieron de él su vivienda.
Otra señora habla de la guardería que Gaspar y José María Massó decidieron construir para que las mujeres pudiesen dejar a sus hijos. Ahora está tapiada. Desaparecieron las cunas colgadas que caracterizaban el local, aunque persiste la estatua que que lo preside
El trabajo del instituto incluye un Power point en el que los alumnos hacen un recorrido por las fábricas que existían en el casco urbano, desde Rodeira hasta A Congorza, y algunas de Aldán.
Algunas fueron demolidas y en el solar que ocupaban se levantaron edificios, Es el caso de la fábrica de Bogador, en Eduardo Vincenti (en cuyo bajo esta el restaurante Mester); la de Daniel Eiroa, que pasó después a Azpeitia, en la calle Fomento; la de Abalo, en Montero Ríos, o la de Rogelio López Bobo, en la misma calle.
Otras se convirtieron en establecimientos hosteleros, como Salasón, la Habana o la casa rural de Aldán.
La directora del Monte Carrasco apunta una propuesta: hacer una ruta turística de las conserveras