31 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Como vigués nacido en O Castro y acunado en el Príncipe, nada hacía presagiar que terminase criándome en Coia. Y no en cualquier Coia, mucho menos la de hoy, con jardines cuidados, aparcamiento subterráneo, aceras bonitas, colegios, guarderías, hipermercado y gente que, si va en 124, va a un rally de coches de época, y no viene de atracar una farmacia. Como ciudadano de Coia, aunque fuese de la otra, mi bandera deportiva era el Celta, a cuyo campo acudía por las corredoiras de la Florida, hoy convertidas en la plaza de la Miñoca. Donde antes cantaba el gallo y bajaban fétidas por los carreiros las aguas sin saneamiento, muy pronto abrirán un Spa. Donde se oxidaban los tranvías, hoy hay soberbios edificios y un conservatorio de música. Pero no nos pongamos nostálgicos y volvamos ao rego. Como ciudadano de Coia, mi bandera deportiva, digo, era el Celta pero, también, el Rápido de Bouzas, municipio al que perteneció mi barrio hasta su anexión a Vigo en 1904.

Sin embargo, en los últimos tiempos, aunque me sienta un traidor, y mi corazón carbonero siga con los de As Gaivotas, me estoy haciendo irremisiblemente del Coruxo. No ya porque milite en Segunda B y le plante cara a los filiales de grandes equipos de División de Honor. Tampoco porque hayan pasado por sus filas el gran Karpin, Giovanella o, actualmente, el bueno de Yago Yao. Me hago del Coruxo porque, por un asombroso fenómeno, medio Vigo es actualmente socio de este club.

Aunque lo parezca, no es ninguna broma. Es probable que el Coruxo tenga actualmente más fichas federativas que el propio Celta de Vigo. Socios tiene poco más de 1.300, una cifra que resulta asombrosa para una parroquia de 5.271 habitantes. Uno de cada cuatro coruxeiros son abonados de los verdes de O Vao. Si el Celtiña despertase esta pasión, solo en la ciudad tendría más de 75.000 abonados.

El dato, sin embargo, es engañoso. Porque resulta que el Coruxo tiene cientos de socios que ni son ni viven en esta parroquia litoral. Si se han hecho seguidores del equipo es porque sus hijos juegan en las infinitas categorías inferiores del club, que son un ejemplo para el fútbol de nuestra ciudad.

El éxito deportivo del ascenso a Segunda B, o la incorporación de veteranos de relumbre, es un gran mérito del Coruxo. Pero por lo que de verdad hay que felicitar a su directiva es por su magnífico trabajo haciendo cantera y atrayendo a chavales de todo Vigo para que se ilusionen con el fútbol en O Vao. Es cierto que no son el único club que hace esto. Y que el fútbol base vigués, el verdadero deporte, se hace hoy gracias a la ilusión de incontables equipos y asociaciones. Pero en los últimos tiempos quienes más brillan son los de Toralla.

Mientras el Celta nos da un penoso espectáculo, inmerso en los juzgados con denuncias cruzadas y poco edificantes polémicas, da gusto ver al Coruxo, un equipo vigués para presumir, en el que cientos de chavales juegan ilusionados. Si yo mismo no me hago socio es por no desmerecer al glorioso Rápido.