Las Escuelas de San Ignacio

Jorge Lamas Dono
Jorge Lamas VIGO/LA VOZ.

VIGO

Desde octubre de 1940, la comunidad jesuítica mantuvo abierto un local frente a la finca de Bella Vista para dar educación a las personas más desfavorecidas

27 oct 2010 . Actualizado a las 11:44 h.

Fue conocida como la escuela de los pobres, o también los jesuitas de afuera. Sin embargo, su nombre oficial era Escuelas de San Ignacio. En octubre de 1940, la Compañía de Jesús regresaba a su finca de Bella Vista tras un exilio de ocho años, primero, motivado por la expulsión decretada por el gobierno republicano y, después, por el uso del colegio como hospital militar durante la guerra.

Con el regreso y el reinicio de las clases en su colegio, el rector de los jesuitas, padre Baeza, decidía crea las Escuelas de San Ignacio para las familias «sin poder» del barrio de Teis, que entonces eran muchas, como recuerda el padre jesuita Evaristo Rivera en su historia del colegio Apóstol Santiago.

La idea fue apoyada por la asamblea de antiguos alumnos celebrada el 27 de octubre. En aquella reunión, presidida por Antonio Massó, se acordó apoyar financieramente el proyecto. Las clases se realizarían al principio en la zona de la mezquita, edificada para los soldados musulmanes que fueron atendidos en el hospital durante la guerra. Por el día se daban clases a los niños, mientras que por la tarde-noche se daba formación a adultos trabajadores. El padre Cesáreo Mariño fue el primer director, quien contó con la ayuda del hermano Carlos Cubillo y un maestro nacional.

El 6 de octubre de 1940, El Pueblo Gallego anunciaba la próxima «apertura de las Escuelas de San Ignacio para hijos de obreros». Decía el diario falangista que los padres jesuitas abrirían en breve escuela diurna para niños de 8 a 12 años y escuela nocturna para jóvenes obreros de 15 a 20 años de edad. «Queda abierta la matrícula en el Colegio de Bella Vista».

En 1943 se hizo cargo del colegio el padre Encinas, todo un poder en Teis. Su implicación en el barrio llegaba a la búsqueda de trabajos para los antiguos alumnos de su escuela. Su nombre luce en el callejón que rodeó a su obra. Las Escuelas de San Ignacio desaparecieron en 1972, pese a la oposición del padre Encinas.