La Batalla de la Bahía de Vigo

VIGO

23 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Tal día como hoy, hace poco más de tres siglos, la ría de Vigo ardía en llamas. El 23 de octubre de 1702 se registraba en el estrecho de Rande una de las mayores batallas navales de la historia. Más de 150 navíos de guerra ingleses y holandeses atacaban a los 14 galeones españoles de la Flota de la Plata, protegidos por una escuadra francesa de 17 buques de línea, comandados por el conde de Chateau-Renault, a bordo de su buque insignia, Le Fort .

Los atacantes disponían de 13.587 hombres. Los defensores, de 350 marineros en los castillos de Rande y Corbeiro. A ellos, se sumaban 1.000 acantonados en Vigo, entre el Castro y el castillo de San Sebastián. Otro millar de tropas se sitúa en la ensenada de Teis. El resto intentó combatir a bordo de los barcos. Pero la resistencia fue inútil: La superioridad de la escuadra anglo-holandesa era aplastante.

A las 11 de la mañana de tal día como éste, el vicealmirante Hopson lanzó su buque, el Torbay , a toda vela contra la barrera tendida por los defensores en el estrecho de Rande. El Bourbon , el Esperance y el Le Fort dispararon sus cañones y el navío inglés fue barrido por la metralla e incendiado. Pero no se hundió. Tras él, entró el resto de barcos de guerra y comenzó una carnicería, sin apenas espacio para maniobrar en la pequeña ensenada de San Simón.

José Chacón, testigo del combate, describe el horror: «Peleábase con fuegos de inhumano artificio, ollas, camisas y bolas de betún ardiente». La devastación dura horas. Finalmente, el almirante español, Manuel de Velasco, ordena prender fuego a los galeones, para que no los capture el enemigo. Pero, en realidad, ya están casi todos en llamas. Los cañonazos entre naves se dan a escasos metros de distancia y el combate es infernal. Morirán en la batalla 800 hombres por el bando anglo-holandés y más de 2.000, por los defensores.

El tesoro de Indias

El tesoro de Indias, el mayor que nunca haya cruzado el océano Atlántico, fruto de tres años de producción de metales preciosos en América, se salva en buena parte. Al menos, llega a Madrid, sobre mil carros de bueyes, el «quinto real», el 20% que correspondía a la Corona. Otra parte es saqueada por los ingleses y no pocas riquezas se van al fondo de la ría. Las rescatará el capitán Nemo, según la novela de Verne, sumergiéndose con el Nautilus casi dos siglos después.

El resto es bien sabido. Una céntrica calle de Londres recibe el nombre de Vigo, en recuerdo de la batalla. Y, a lo largo de los años, serán muchas las expediciones que intentarán recobrar los tesoros de Rande. Hoy, varios proyectos intentan recuperar al menos alguno de los pecios hundidos. Pero ninguno parece cuajar.

¿Cuánto seguiremos despreciando la «Battle of Vigo Bay»? ¿Hasta cuándo estaremos sin un museo que recuerde la batalla? ¿Puede Vigo permitirse no poner en valor su pasado? Porque no es que Vigo no tenga historia. Es que no la valoramos.