Fuga de talentos

VIGO

Yo soy fan de Javier Guerra. A diferencia de muchos, me cae simpático el conselleiro de Industria desde antes de serlo. Hablaba bien cuando era concejal de Vigo. Y tenía el sentido común de los selfmade men . Como hago a veces, lo imaginé como alcalde y daba. Aunque, para matizar, diré que, al hacer la misma prueba con López Chaves, daba también, aunque en la categoría de «el alcalde que Vigo se merece».

Llevo en el coche una pegatina de El Niño, marca propia de las empresas Guerra y que entusiasma a mi sobrino. Cuando supe que era suya, no reaccioné en absoluto. Aunque, si hubiera sido una firma de lencería, propiedad de Ana Botella, habría tirado el coche a las piedras de Cabo Silleiro. Para resumir, digamos, yo me tomaría unas cañas con Javier Guerra. Pero votar, no lo votaría nunca.

Hechas estas salvedades, esta presunción de bonhomía hacia el conselleiro de Industria, vamos a la rueda de prensa que nos ofreció esta misma semana. Presentaba nuestro hombre un programa titulado TalentGalia, destinado a la captación de brillantes científicos que ejerzan en el extranjero.

El nombre del programa ya es, de por sí, malo: Galia es Francia, no Galicia, aunque suene parecido. Pero el contenido es aún peor. Propone Javier Guerra ofrecer 64 contratos de dos años a investigadores gallegos que lleven más de diez años en laboratorios en el extranjero. El presupuesto del plan es de 12 millones de euros. Y su mayor virtud es que todo ese dinero estará el próximo año, flamantemente intacto, a disposición de la Xunta para dedicarlo a otras cosas. Porque nadie en su sano juicio va a verse atraído por la oferta.

¿Acaso cree Javier Guerra que un investigador gallego, suponemos que harto del erial científico de su tierra, que lleva diez años consolidado en un laboratorio de EEUU, de Francia o del Reino Unido, va a volver a Galicia por sólo dos años? ¿A qué? ¿A ver los domingos el botafumeiro?

Es tan grande la candidez de la propuesta (y se dice candidez, y no estupidez, como prueba de aprecio al señor Guerra), que no se entiende cómo puede defenderla el director xeral de I+D+i, Ricardo Capilla, promotor de la iniciativa. ¿De verdad se cree que un científico con una carrera de más de diez años en el extranjero va a volver a Galicia por un contrato bienal?

Mientras tanto, 300 científicos gallegos siguen a la espera de conocer su futuro, a través de los contratos de investigación de la Xunta, cuya convocatoria está paralizada. Muchos de ellos, como mínimo, se van a pasar seis meses en su casa, cruzados de brazos. Profesionales en cuya formación el Estado se ha gastado un dineral, siguen desaprovechados, con la única alternativa de emigrar. Eso sí, para la Cidade da Cultura siempre hay dinero. ¿No me digan que gente como Guerra no es simpática?