El largo camino de Domínguez

Rubén Ventureira A CORUÑA/LA VOZ.

VIGO

«La próxima temporada jugarán Juan Domínguez y diez más», llegó a decir Lotina en el ocaso de la pasada campaña. Entonces, el canterano se estaba recuperando de una lesión en el tobillo, que le impidió participar en los últimos encuentros ligueros. La temporada 2010-2011, esa en la que iba a ser titularísimo, ya ha empezado y no ha debutado. La culpa, de una lesión muscular.

Es la primera vez que el joven Domínguez, de 20 años, se ve en una igual: «Nunca había estado parado tanto tiempo. Hasta esta temporada no había tenido una lesión muscular, y ya ya llevo dos. La primera fue una elongacion que me tuvo una semana parado [la sufrió durante los entrenamientos en Suiza, a finales de julio] y después me vino esto».

«Esto» es una una rotura fibrilar en el recto anterior de su pierna derecha. Se la produjo al disparar a puerta en un entrenamiento el 20 de agosto en Roma. El 24 se anunció que sería baja entre cuatro y seis semanas. Le han hecho unas pruebas y la zona parece curada, pero puntualiza que es un músculo muy importante para todo futbolista y que prefiere ir con calma. La próxima semana podría realizar algunos ejercicios con el grupo y para la siguiente espera entrenarse con normalidad. Pero, por ahora, Domínguez sigue trabajando en solitario. Y el camino se le está haciendo muy largo.

El 14 de abril, contra el Barça, jugó su último encuentro. Han pasado más de cinco meses. «Hay días en los que estoy desesperado. Que llegue el domingo y no poder estar en el campo es lo que más rabia me da».

No encuentra explicación a su lesión. «Hay más exigencia en la pretemporada que en la temporada, eso es cierto, pero creo que es mala suerte. He mirado hasta lo de la alimentación, pero esto justo llegó en pretemporada, cuando estaba en casa de mis padres y mejor que mi madre, que me lleva alimentando toda la vida...».

Lotina mandó un recado a Domínguez después de su última lesión. «Tras el partido del Olympiakos lo obligué a darse masaje y, curiosamente, luego se rompió. Se tiene que acostumbrar. Juega como en el colegio. Se cambia y ni se pone vendas ni nada. Tiene que coger los hábitos de profesional, darse masajes y vendarse el tobillo. Lo tenemos que educar».

«Si el míster dice esas cosas tendrá alguna razón», dice de entrada el canterano, aunque después hace algunos matices.

Respecto a jugar vendado, precisa lo siguiente: «A mí el cuerpo médico y los fisioterapuetas me dicen que no es necesario que me vende, porque los tobillos están perfectos y como no es necesario pues yo no me vendo. Sigo órdenes. Yo tengo la conciencia tranquila, porque sé que yo hago las cosas cuando son necesarias, y si el cuerpo médico me dice que no es necesario vendarme, no me voy a vendar por vendar, porque me resulta más incomodo, porque empeoro bastante la precisión cuando tengo un vendaje».

En cuanto a lo de darse masajes, puntualiza lo siguiente: «Cuando lo necesitas te lo das y cuando no, pues no. Pienso que si estás bien, no va a influir que te lo des».