El candidato popular a la alcaldía de Pontevedra, Telmo Martín, se subió ayer a tocar las campanas de la Peregrina al grito de «¡Nos quieren robar la UNED!». En incendiaria rueda de prensa, el famoso empresario, propietario de Construcuatro, empresa muy conocida en el PAU de Navia, advirtió a sus compatriotas de una aviesa maniobra de Vigo, que con gran felonía intentaba arrebatar a la capital un aula para que los 3.000 alumnos pudieran recibir alguna clase en el Casco Vello, sin necesidad de tomar la autopista ni el tren.
Actitudes como la de Martín, probablemente, den algún voto. Y nadie duda de que tendrán su público. Pero personalmente -y tengo muchos amigos pontevedreses, algunos afiliados del PP- creo que, entre las personas de bien, ninguno. A quienes yo conozco, vecinos del Lérez o del Lagares, la cosa nos da la risa. Amarga, pero risa.
La vigofobia de Martín, gran amigo del presidente Feijoo y de su fiel escudero Alfonso Rueda, prendió sin embargo como la pólvora en el líder del PP provincial y presidente de la Diputación, Rafael Louzán, a quien le faltó tiempo para vetar ante el Patronato de la UNED cualquier iniciativa para acercar la institución a su alumnado. A Vigo, ni agua.
Finalmente, y a regañadientes, la UNED tendrá en Vigo una pequeña aula para el curso de acceso a la Universidad, y en ningún caso clases de las asignaturas universitarias. Por tanto, y como bien se encargaron de subrayar al término de la reunión, la oficina de Vigo tendrá el mismo rango de las de Lalín y Tui.
Si todo esto no fuera tan ridículo, resultaría humorístico. Pero tiene un punto triste que alguien se empeñe en poner a más distancia una universidad que, por definición, ya es a distancia. Y que le niegue a tres mil estudiantes la posibilidad de ahorrarse unos duros de peaje, solo por el supuesto bien mayor de que Pontevedra no pierda no se entiende bien qué privilegio.
Telmo Martín, que construye en Vigo, en la parroquia de Navia -y es muy conocido por ello, ocupando grandes titulares de periódico-, debería recordar que ciertos localismos de banderín hace tiempo que están superados. Pontevedra y Vigo son, desde hace mucho, dos ciudades que caminan juntas y cuyo futuro está en su entendimiento. Como efectivamente ocurre, aunque a veces nos veamos iluminados por fuegos de San Telmo.
Sería de esperar que el presidente Feijoo o el conselleiro de Presidencia, Alfonso Rueda, llamasen a capítulo al candidato Martín. Que lo detengan, en su eminente calidad de incendiario. Pero tal vez esto sería mucho rogar, habida cuenta de ejemplos como la rebaja de atribuciones a la Subdelegación de la Xunta en Vigo, que vivimos hace menos de un año. A Louzán ya no se le pide nada: es un hombre del todo justo.
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