El moañés todavía no se ha estrenado en la liga, aunque su entrenador ya lo ve preparado para ayudar al equipo después de corregir sus malos vicios
08 sep 2010 . Actualizado a las 12:01 h.«Ya está listo para ayudarnos», dice Paco Herrera cuando se le pregunta por Iago Aspas. Futbolista de grandes retos, desafiante, su enorme clase parecía concederle un puesto de honor en el nuevo Celta. Pero Herrera todavía no lo veía preparado. Al técnico catalán, acostumbrado a pulir diamantes tras su paso por el Liverpool y el Espanyol, no le gustaban algunos vicios del jugador. Por eso le mandó un trabajo extra con Mosquera. «Ahora ya está lista para ayudarnos. Su segunda parte en Alcorcón fue excelente», resalta el entrenador del Celta.
Al moañés la afición le venera, sobre todo después de sus dos goles contra el Alavés hace un par de temporadas. El Celta siguió en Segunda y él dio el salto al primer equipo, convirtiéndose en uno de los fijos para Eusebio: disputó 36 partidos y marcó cinco goles. «Este año será bueno si supero esos números», indica Aspas.
Sin embargo, el cambio de entrenador de momento no le ha sentado bien. El moañés, pese a su gran actuación en el partido de Copa contra el Alcorcón, con gol incluido, todavía no ha disfrutado de ningún minuto en la Liga: «Es una situación jodida porque yo siempre quiero jugar. No me gustar estar en el banquillo», se sincera.
El crecimiento de Iago
En los últimos meses Aspas ha madurado. «Su carácter lo traiciona muchas veces. Si consigue mejorar su conducta será un futbolista de élite seguro», apunta su ex entrenador en el filial Alejandro Menéndez, ahora responsable del Real Madrid Castilla. «Es un ganador nato y ha conseguido corregir su conducta. Ha aprendido que ser profesional es ser algo más que tener un buen contrato, pero debe seguir en este camino», remarca José Luís Molina Molina, secretario técnico del Real Valladolid y ex responsable de las categorías inferiores del Celta.
La llegada de futbolistas como Quique de Lucas, Joan Tomas o David Rodríguez ha relegado a Aspas a un segundo plano. «Antes éramos cuatro o cinco jugadores para dos o tres puestos y ahora somos seis o siete para tres», explica el moañés, al que en cada entrenamiento se le ve sufrir. «Si no juega no está contento. Iago es especial, hay que saber llevarlo porque a él no vale con gritarle. Hay que convencerle con cariño», comenta Molina, que en su día llegó a decir que si Aspas fuese argentino valdría 15 millones de euros: «Su talento es innato, su calidad enorme. Hay pocos jugadores como él en Segunda».
Aunque las cosas no le están saliendo como esperaba, Aspas confía en jugar: «La liga es muy larga y tendré mi oportunidad». Menéndez también lo ve en el once: «En Segunda hay pocos jugadores con su clase. En Balaídos dará muchas alegrías».