Paco Herrera declaró el viernes que los primeros 25 días de trabajo y partido le habían servido para hacerse una composición de lugar de lo que tiene.
Ayer en Ribadeo dio un paso más y se dedicó a probar cosas que todavía no ha visto y que pueden serle útiles para seguir sacando conclusiones. Realizó en diferentes momentos del partido interesantes combinaciones de futbolistas que todavía no había tenido la oportunidad de ver en acción.
Michu, hacia la izquierda
Michu y Trashorras han coincidido en todos los partidos, pero nunca lo habían hecho junto a Iago Aspas. El moañés y el ovetense habían jugado hasta ahora en la mediapunta, por lo que o jugaba uno u otro. Ayer Herrera optó por ensayar algo parecido a lo que hacía Eusebio en los últimos tiempos: poner a Michu cayendo hacia la banda izquierda.
No es una solución ideal, pero el asturiano rindió bien marcando un gol y dio la asistencia del segundo precisamente desde esa posición a Papadopoulos.
Además Aspas y Abalo está demostrado que son dos jugadores que se entienden bien y cuando consiguieron conectar llevaron peligro al área azulona.
Álex y Trashorras
Durante casi veinte minutos del segundo tiempo jugaron juntos por primera vez los dos jugadores con más calidad de la plantilla para llevar la manija del juego celeste: Álex López y Roberto Trashorras. El lucense lo hizo por delante y el ferrolano en el doble pivote.
Conectaron bien y protagonizaron algunas acciones muy vistosas. Fueron los minutos en los que mejor hicieron circular la pelota los celestes, con buen ritmo y verticalidad.
Los dos delanteros
Había dicho Herrera que en algún partido iba a poner juntos a los dos nueves que tiene en el equipo, David Rodríguez y Papadopoulos. Ayer lo hizo en los diez últimos minutos. Insuficiente para sacar conclusiones, pero se ve que tener dos referencia arriba y un doble pivote con un jugador más creador puede ser una buena solución si el técnico consigue el equilibrio entre todas las líneas.
Además cada vez más jugadores suman noventa minutos de juego, como fue el caso de Michu y Papadopoulos.